UN ESCOPETAZO PARA CADA UNO

(Foto: Infobae)

Llegó y se instaló con comodidad en el centro de la escena. Acostumbrada a manejar el poder en sus diferentes niveles, no tuvo que hacer ningún esfuerzo por ejercer de facto (y quizás también de iure) la jefatura de la oposición al macrismo gobernante. Como ya se ha dicho aquí, CFK detenta la única jefatura no disputada de una facción política organizada fuera del poder, hoy en la Argentina. Puede ser una minoría (eso no es mensurable en este momento) pero claramente se trata de un espacio que se define a sí mismo desde ese liderazgo carismático. Siendo por definición que los movimientos populares están ligados a la personalidad de su conductor, Cristina volvió de su corto auto-exilio en el Sur sin necesidad de posicionarse: ya tenía un lugar tácito en la centralidad política de un sector fuertemente militante y con pocos dogmas ideológicos por fuera de su propia figura. Nebulosamente peronista, el cristinismo apela a un folclore variopinto que va desde Eva Perón a Camilo Cienfuegos sin demasiado prejuicio. Se trata de un eclecticismo tan sólo englobado por el concepto "Nac&Pop" que tan de moda estuvo en la "Década Ganada".
Desde ese centro, Cristina retornó a la actividad pública en índole épica: citada a declarar en la primera de muchas causas con alguna de las que el actual oficialismo ha prometido encarcelarla y sobre todo, ponerla como ejemplo del honestismo declamado por el circo republicano mediático que ganó las elecciones de noviembre; citada a declarar, digo, convirtió un lógico demérito del sentido común (ser acusado ante y por la Justicia) en un auto de fe en la que ella hizo las veces de víctima de la persecución política de un Estado que es cualquier cosa menos popular.
Tanto la índole del gobierno amarillo como la de la casta judicial, contribuyeron a configurar este escenario cuya única beneficiaria es CFK. Quizás cualquier otro hubiera dejado algo sin aprovechar de semejante ventaja, pero no es algo que se pueda esperar de quien es, quizás, el cuadro político más capaz e inteligente de los últimos 40 años.
El discurso en Comodoro Py reveló que la presa se había convertido en cazadora. El actual presidente huyó a Salta y todo el gobierno hizo un estruendoso mutis (incluso a nivel físico) que sólo se quebró con las cabriolas circenses de una periodista bonzo del Grupo Clarín que fue enviada a provocar lo que finalmente obtuvo, porque no tenga dudas el lector que el otro actor inteligente en este juego es justamente, Clarín, que sabe a la perfección los bueyes con los que ara.
Volviendo al discurso, o si se prefiere, al despliegue de Cristina desde que bajó del avión hasta estas horas, queda claro que si tenía alguna preocupación por su situación legal-política, ésta ya no existe.  Parece evidente que ha comprendido, incluso, que un posible encarcelamiento será agua política aprovechada exclusivamente por su molino. Si tenía alguna duda en la posibilidad o no de ocupar el trono opositor, ésta ya está completamente despejada. El gobierno amarillo cuenta con un factor político de inquietante capacidad de movilización popular disputándole sin mayores inconvenientes, el control de la calle de la Capital de la República y de paso, el control político de la agenda, algo que en el momento en que esto se escribe, el actual presidente intentará contrabalancear con anuncios "sociales" cuya dinámica sigue siendo la de la promesa de campaña, sólo que  cuatro meses más tarde.
No quedan dudas del daño que la movilización del Cristinismo le hizo al capital político remanente del gobierno. Ese es el primer escopetazo.
El segundo, y no menos feroz, lo recibió el Partido Justicialista.
Por primera vez desde su fundación, el Justicialismo se halla en el llano sin el Movimiento Obrero Organizado como brazo de acción política y agitación callejera. Es decir, en opinión de quien esto escribe, sufriendo la crisis más grande de su historia. En ese contexto, la aparición del liderazgo carismático de CFK pone en crisis cualquier intento de reorganización partidaria integrada, porque en términos políticos, dicha conducción "de consenso", con Cristina movilizando por afuera, se transforma en un fantasma burocrático sin pueblo. Es decir, se convierte en un acuerdo dirigencial sin bases, porque es tradicional que las bases peronistas respondan mucho más a liderazgos como el que ella ejerce, que a cúpulas rosqueadas entre dirigentes. Justamente en el momento en que el Justicialismo es una Armada Invencible (la malograda flota de Felipe II de España, diezmada por una tormenta) que acaba de pasar por el turbión de una derrota electoral y cuyos barcos están claramente dispersos y sin conducción unificada, Cristina viene a profundizar esa crisis como si ella misma jamás hubiera sido tocada por la derrota.
Digamos esto en idioma político: el Cristinismo coloca al Justicialismo en la opción mortal de SUMARSE a su liderazgo (con todo lo que ello implica) o permanecer como un apéndice en formol a la espera de ser vaciado por debajo por macristas y massistas. Cámpora o Luder. Ambos caminos conducen al cementerio.
Quizás sea lícito preguntarse si la estrategia cristinista es dividir al Movimiento Nacional, puesto que lo que se ve es que tiende la ex presidenta a perseverar en ciertos errores y a redundar en nombres que flaco favor le hacen a una suma franca de voluntades políticas en pos de una ampliación de la base electoral. Sin embargo es posible que no sea una pregunta correctamente formulada: el concepto peronista de la naturaleza de la Conducción Política ayuda a explicar que se trata de una dependencia mutua. Cristina detenta la conducción de las masas. El Partido permanece como el tinglado electoral necesario para discutir la Toma del Poder. Ambas instancias no pueden sobrevivir sin la otra parte porque allí los macristas cantan en Toma Todo de la Perinola. 
Va de suyo que las dudas de la dirigencia peronista sobre las intenciones y las movidas de CFK son más que válidas. Por otro lado, la naturaleza de la Conducción hace que ella no tenga la menor duda de cómo debe suceder la cosa. Pero es la gloria o Devoto. Si Cristina comprende que no puede prescindir del Peronismo y viceversa, entre 2017 y 2019 puede consolidarse un bloque político capaz de disputar el poder. Si no, el Cristinismo queda como un movimiento testimonial intenso pero incapaz de llegar al gobierno y el Justicialismo entra en una diáspora terminal.
Los escopetazos le sirvieron a CFK para ordenar la tropa y sentarse en el trono de la oposición al actual gobierno. 
En el caso del Peronismo, hará falta una negociación abierta y sin soberbia, porque de no ser así, el escopetazo será simplemente suicidio. 
MP