SERIES | Stranger Things 2


Ahora me doy cuenta de que lo que más me gustó de Stranger Things (Hermanos Duffer, 2016) no fue el uso de nostalgia ochentera para satisfacer a las generaciones nacidas hace treinta o cuarenta años, sino lo efectiva que era la química de todo su reparto. Y es que, aunque esta historia de dimensiones paralelas, juegos de rol y críos en bicicleta, inevitablemente nos recordaba al trabajo de Spielberg (E.T., El Extraterrestre) o todo lo que ha derivado de él (véase Super 8 de J.J.Abrams), lo que de verdad hacía brillar a la serie eran sus personajes: inocentes, divertidos y con una dinámica grupal impecable. Y los hermanos Duffer, en su segunda visita a Hawkins, se han olvidado de eso.

Aunque declarando mi disgusto con esta nueva entrega corro el riesgo de que muchos se me echen al cuello, tengo que reconocer que la segunda temporada de este fenómeno tampoco es un despropósito. Al fin y al cabo, Hawkins es Hawkins, sus habitantes todavía se comportan como todos queremos que se comporten y la música que los acompaña sigue siendo fantástica. Sin embargo, y aunque era de esperar que, para justificar la continuación de la serie, los hermanos Duffer optarían por hacer crecer - de mejor o peor manera - al personaje de Eleven (Millie Bobby Brown), no dar cierre al tormento upside-iano de Will, e introducir a algún secundario que pudiese - por ejemplo - crear un efecto similar al que generó la pérdida de Barb, todo esto se ha hecho, además de un poco mal, demasiado rápido. Y eso se nota.

Viendo la segunda temporada de Stranger Things todos podemos darnos cuenta de cómo, para compensar con una historia sumamente perezosa, los hermanos Duffer - muy preocupados por alimentar una mitología que asegure la persistencia de la fiebre popular antes de que todos nos olvidemos de ella - están utilizando recursos audiovisuales más sofisticados en lugar de prestar atención a sus personajes, la verdadera joya de su producto. Porque no es discutible que la subtrama de Eleven, pese a ser pertinente, es un fracaso creativo, que el nefasto navajazo del séptimo episodio perjudica al clímax de la temporada, y que las dinámicas de los personajes - Steve y Dustin aparte - están tan poco aprovechadas, que no es hasta los últimos dos o tres episodios que el espectador de verdad siente que está viendo Stranger Things. Por lo tanto, por mucho que nos pese, la realidad es que Stranger Things 2 ha sido lo que todos llamaríamos "un patinazo". Un patinazo lo suficientemente bienintencionado como para satisfacernos y calmar nuestra gula.



Jerry
Imagen vía Variety

Jerry F.

Malditas criticas de cine