Semana decisiva: la crisis política del macrismo y la caída del mito de la unidad cegetista

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El régimen macrista está viviendo desde fines de año pasado una crisis política, después de la victoria pírrica de su proyecto de reforma previsional, -un eufemismo para el recorte de las jubilaciones consentido por una parte de la CGT y la bancada de senadores de Pichetto, sin cuya complicidad esto no hubiera sido posible. 

El costo político fue alto para el oficialismo porque se rompió el clima triunfalista que había logrado después de las elecciones de octubre. Podría compararse con el efecto del ajuste diferido: las facturas de gas, agua y luz, el precio de los combustibles y el boleto de colectivo postergaron sus brutales aumentos para después de las urnas. Así, el clima político en medio del cual se votó escondió astutamente la naturaleza del saqueo económico, en otro ejemplo de posverdad, como "error útil para el acrecentamiento del poder", según una fórmula nietzscheana inexplicablemente celebrada por el progresismo cultural porteño. De la misma forma la crisis política que venía incubándose empezó a manifestarse.

El régimen comete cientos de errores útiles para acrecentar su poder. Pero la verdad en algún momento asoma, no como error, sino como evidencia del engaño en su manejo totalitario de los medios de información. Muchos en octubre votaron todavía confundidos por el clima de pseudo-prosperidad que escondía el ajuste agazapado. Ni bien el macrismo consiguió su respaldo electoral mostró su cara verdadera , que solo ofrece penurias para el pueblo, hambre, desempleo y represión. No hay misterio en esto: solo ocultamiento, engaño y complicidades. 

Pero la mentira en política (la mentira es política) tiene su fecha de vencimiento. En diciembre, cuando el régimen mostró su brutalidad para bajar de las jubilaciones y transferir esos millones hacia la provincia gobernada por Vidal, el forzamiento se hizo evidente para muchos que seguían teniendo alguna expectativa de mejoras graduales. La retribución que les ofrendó el gobierno, envuelta en una humareda de balbuceos inconsistentes e inconvincentes, fue que habrá más ajuste y solo eso. 

Las maniobras distractivas con las metas inflacionarias y la devaluación seguidda por otra baja del salario real dejaron al desnudo el carácter clasista del régimen. Hay que ser muy boludo o muy cínico para seguirles creyendo -o simular que se les cree: hay de las dos clases de actitudes. 

Los despidos que afectaron a pueblos donde el oficialismo había ganado, los escándalos por corrupción que sapican a más de medio gabinete, el desprecio del macrismo hacia sus propios votantes, el servilismo de los tribunales en favor del régimen, la continua supresión de las libertades civiles, la disolución social y la marginación de sectores cada vez más grandes de la población que propicia este proyecto, la respuesta puramente represiva a esta conflictividad, todo se conjuga para que las mentiras se descubran.

La crisis política empezó a asomar a fin de año y todavía no terminó. Como resultado de ella, la coalición social gobernante se agrieta. Un final catastrófico empieza a sospecharse, la prosperidad prometida no va a llegar y las torpezas de gestión y comunicación no se pueden tapar mucho tiempo más con trucos de marketing.

Así hay que interpretar la debacle del triunvirato que rigió la CGT en estos años. Ya estaba bastante claro cuando en mayo de 2016 la cúpula sindical se dejó forrear ante la vista de todos con el veto presidencial a la ley antidespidos. Las bases ya estaban cabreras en el acto de Diagonal Sur donde sus propios adherentes voltearon el atril, en una imagen que va a quedar para la historia. 

Incluso hubo muchos sectores en el campo popular que le siguieron extendiendo un crédito político al triunvirato cuando ya era notorio que jugaban en contra de los trabajadores. Las defecciones y los errores de apreciación bien intencionados confluyeron para darle aire al ajuste. Pero llegó el momento en el que esta conducción claudicante mostró que ya no tenía nada más para dar. Quienes con disciplina orgánica se aferraron a un fetichismo de la unidad cegetista no supieron ver que se trataba de la unidad para la traición. Llegó el momento en que toda esa patraña se hizo insostenible y ese mito de la unidad cruje.

Ninguna otra cosa más que esta es la "división del sindicalismo" que la prensa oficial se empeña en presentar como novedad. El gremialismo combativo ya estaba enfrentado objetivamente a la posición claudicante del triunvirato. Lo que pasa ahora es que esto aflora en la superficie. No se trata de que el moyanismo haya sido descubierto en alguna maniobra delictiva, sino que el régimen le aplica a este sector el mismo tratamiento que antes le aplicó a los otros opositores. La "división" de la CGT es nada más que la caducidad de una alianza que se mostraba inviable desde antes.

La caída del triunvirato implica también la unidad de una parte del sindicalismo con los sectores que se opusieron desde el principio al ajuste neoliberal. No se puede separar la división de unos de la unidad de los otros.

Este realineamiento despierta recelos entendibles a uno y otro lado de la fractura. La gobernabilidad fue el signo que explicó el desempeño de la mayoría sindical que quiso mostrarse como unidad y era colaboracionismo. Ahora asoma un horizonte de mayor conflictividad al que el oficialismo solo sabe responder con más operaciones de inteligencia, represión, chantaje judicial y mentiras mediáticas.

Esta semana va a haber una movilización que plasmará las nuevas relaciones de fuerzas. No hay sindicatos que "se bajan" de la movilización, porque esos nunca estuvieron de este lado. Quedará para la historia un análisis del desempeño del moyanismo en este período. ¿Moyano creyó que podía coquetear con el poder sin que su legitimidad se viera mellada? En todo caso, es una cuestión psicológica. El modelo sindical que encarna el moyanismo es, por su fundamento social, incompatible con el proyecto macrista.

El 21F asomará la sintaxis de esta segunda fase de la lucha social en la Argentina macrista. El gobierno se juega mucho en la partida y puede verse tentado a redoblar su dureza represiva. Ni siquiera así se garantiza que vaya a vencer la resistencia popular. El pueblo recién está desperezándose.

El carácter despiadado del régimen, porque eso se sabía desde el principio. Lo sabían incluso muchos de los que recién ahora pretenden haberse dado cuenta. Lo que está por revelarse es la capacidad popular para no caer en un abismo del que le será muy difícil rescatarse si no empieza ya mismo.

En el programa de anoche estuvimos hablando de este tema y tuvimos los testimonios de Sergio Palazzo y Eduardo Berrospe de la Bancaria y la discusión de Hugo Moyano con Mirtha Legrand. También escuchamos la más maravillosa música de Incredible String Band y Me Darás Mil Hijos. Pueden descargar el programa clickeando acá.

Oscar Cuervo

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