Se terminó el misterio: Verbitsky vuelve el domingo desde una plataforma digital: "El Cohete a la Luna"


El mejor periodista argentino dejó de escribir sus esperadísimas columnas dominicales en Página 12 hace casi un mes. Pocos días antes, macri había hecho trascender a través de sus voceros oficiosos que el país empezaría a marchar como él quería cuando se pudieran mandar a 562 argentinos a la luna, que son quienes obstruyen el diseño de sociedad que su voluntad quiere imponer. Esas declaraciones, el modo de darlas a conocer y las consecuencias que pueden detectarse después del trascendido configuran una evidencia del poder faccioso y antidemocrático que hoy nos gobierna.

La metáfora del cohete puede entenderse como una velada amenaza de muerte, como una condena al ostracismo interno o externo, una prohibición, una prisión preventiva con toda la ilegalidad con que se mueven hoy los jueces que se ponen al servicio del poder y fuera de la ley. Muerte, prohibición y prisión preventiva se verificaron en los últimos meses con  celeridad alarmante: los asesinatos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, la cárcel política para Milagro Sala y otros compañeros de la Tupac, las prisiones preventivas arbitrarias de Julio De Vido y Amado Boudou sin las garantías de  defensa en juicio, la multiplicación de casos de violencia policial que tuvo como víctimas a ancianos, niños y hasta un hombre linchado por una patota policial en Constitución, y la censura, mal disimulada bajo la excusa de las reglas del mercado, de  periodistas críticos como Roberto Navarro, Víctor Hugo Morales y el propio Verbitsky son la concreción del deseo de remover los obstáculos humanos para el proyecto presidencial.

Ningún resultado electoral puede legitimar esta pérdida de libertad gradual y sostenida. Los voceros oficiosos (léase alcahuetes de macri) empiezan a marcar los próximos "objetivos" entre sindicalistas, jueces, ex funcionarios del gobierno anterior, empresarios de medios opositores. No existe ninguna caracterización más fallida e inoportuna que la que hizo José Natanson, refutando su capacidad como analista político, cuando dijo que el macrismo era una derecha democrática y moderna. macri, al producirse el desdichado "análisis" de Natanson, parece consagrado a demoler su verosimilitud.

Argentina ya no vive en democracia. No depende de  encuestas ni del resultado de las elecciones. No existe poder judicial independiente, no hay libertad de información, solo hay lugar para los miedosos negociadores de su permanencia y para  colaboracionistas de diversas extracciones. No es que en el estado podría fusilar, hacer desaparecer, torturar o censurar: es que ya lo hizo. La pregunta correcta es con qué ritmo seguirá haciéndolo y dónde encontrará su límite.

El caso de Verbitsky es emblemático. Empecé diciendo que es el mejor periodista argentino y no hay que ser muy sagaz para advertirlo: está avalado por una trayectoria de rigor, veracidad y decisión de practicar su profesión sin complacer a los poderes fácticos y facciosos. Por eso es que los autoritarios de diverso signo político siempre detestaron y temieron su filosa escritura y su capacidad investigativa. Por eso es que los comunicadores alcahuetes lo envidian y desean su proscripción.

En medio de una "cruzada de transparencia" simulada por el régimen, Verbitsky denunció en dos domingos sucesivos maniobras de bienes no declarados y blanqueo de capitales de origen dudoso por parte del entorno familiar y empresarial de macri. Las notas se titularon "Plata negra" y "Plata blanca". El propio macri hizo trascender su furia por la divulgación de esa información y buscó los medios para castigar a los que habían posibilitado las filtraciones, pero nunca las desmintió.

Por eso macri amenazó con encarcelar al propietario de Página 12, donde Verbitisky publicó esas notas, e hizo echar a Roberto Navarro de C5N, en cuyo programa Verbitsky repitió la información. "Verbitsky es la peor lacra que existe" hizo decir macri a un columnista de un diario oficialista. El perro respondió que esas palabras en boca de macri significaban para él un galardón. Es difícil no estar de acuerdo. Verbitsky pone muy alta la vara con la que cualquier otro periodista debe medirse.

Consciente de que la furia macrista ponía en peligro la fuente de trabajo de sus compañeros de Página, Verbitsky dijo en una entrevista para la revista Contraeditorial que estaba dispuesto a dejar de escribir en el diario para evitar que cerrara. Desde entonces sus columnas dejaron de salir y solo tuvo breves apariciones en el programa de Roberto Navarro, ya expulsado de C5N, que se trasmite esporádicamente por plataformas online con  gran repercusión. Así es como funciona la "libertad de expresión" en Argentina. Es una prueba ácida para los declamadores de valores republicanos que conviven con estas formas de persecución y censura. Los principales perjudicados ni siquiera son los periodistas perseguidos, sino la población encerrada en una burbuja tóxica.

De todo laberinto se sale por arriba: hacia la luna.

Verbitsky escribió ayer su última columna en Página:


Luego de 30 años de contacto semanal con muy contadas interrupciones, mi columna dominical ha dejado de aparecer en PáginaI12. Esto ha motivado un aluvión de mensajes inquiriendo por las razones de la ausencia. Estas líneas son para agradecer el afecto y calmar la inquietud. Las urgencias de un año político me impidieron tomarme las vacaciones correspondientes hasta la conclusión del proceso electoral. Por este único medio informo que dedicaré el próximo año a cuestiones pendientes que demandan mucha atención. En primer lugar, dos libros en preparación y la reedición de los veintitantos anteriores. Liberado del contrato con una editorial que saboteó la difusión de mis trabajos sobre la historia política de la Iglesia Católica en la Argentina, he acordado la publicación integral de toda mi obra con la editorial Siglo XXI. Además, desde fines del año pasado estoy encarando nuevos proyectos en un entorno audiovisual y digital, de los que los tendré al tanto para no perder el contacto, que yo valoro tanto como ustedes. Quienes lo deseen pueden enviarme sus datos de contacto a ros12@pagina12.com.ar

Hasta anoche, el texto resultaba enigmático. Estaba claro que Verbitsky ya no publicará su columna en Página, la censura fue consumada. A la noche él hizo su breve aparición en el especial de El Destape Web.

Pero unas horas más tarde el misterio terminó de disiparse: apareció en la web una nueva página, El Cohete a la Luna, "la nueva plataforma digital de Horacio Verbitsky, en la que la parte que quedó pendiente en el diario de la mañana fue completada por tora breve pero ya muy explícita nota de Verbitsky.

El Perro no se calla

Por Horacio Verbitsky
Al embarcar en El Cohete a la Luna quiero agradecer a quienes grabaron su mensaje de solidaridad y apoyo a la libertad de expresión con la consigna Página/12 no se calla, en el diario en el que trabajé durante treinta años, y a los muchos que se comunicaron por otra vía para preguntar y alentar. Los cuento entre los pasajeros de esta travesía en entorno digital. Aquí los espero, a partir del 10 de diciembre en elcohetealaluna.com con mi nota de los domingos y mucho más. Va a ser todo un viaje.

Subite al cohete

Más abajo, Verbitsky narra la historia de la película de Georges Melies El viaje a la luna (1902). Y más abajo sigue:


Somos muchos más que 562

El otro responsable de que este cohete despegue hacia la luna se llama Maurizio Macrì y cree que sus órdenes son deseos para todo el mundo, ¿o era al revés? Furioso por la publicación de mi primera nota en Página/12 y en Economía Política sobre el blanqueo de capitales de su hermano Gianfranco, de su hermano de la vida Nicky Caputo, del presunto comprador de la empresa familiar, Marcelo Mindlin, del cuñado de su secretario legal y técnico Pablo Clusellas Zorraquìn, del primo de su jefe de gabinete Alejandro Jaime Braun Peña, de su suegra Pomi Awada y de sus cuñadas Leila y Zoraida dijo que el país estaría mejor si pudiera meter en un cohete y enviar a la luna a 562 personas. Muy Méliès, el presidente. Si fuera más Lumière, habría que mostrar 562 secuestros y asesinatos, tipo Triple A. Mejor que no.
Pero Macrì es un optimista y vive una realidad tan fantasiosa como la de Méliès. Desde aquí, a partir del domingo 10 de diciembre trataremos de hacerle saber que somos muchos más que 562. Por empezar, me acompañan Fred Astaire, Eduardo y Victoria Basualdo, Eli Gómez Alcorta, Martín Kovensky, Damián Loreti, Mónica Muller y Adrián Paenza.
En 1971, cuando España vivía el último lustro de la dictadura de Franco, el dibujante Forges (un viejito de barba nacido unos días antes que yo) publicó una pieza maestra del humor político. Un barbudo sentado en un banquito y con una lámpara apuntándole al rostro es interrogado desde las sombras por varios detectives de civil. Uno de ellos lo insta: “Confiesa, sabemos que sois 36 millones”.
Busqué el dibujo, pero sólo encontré otros sobre el mismo tema, pertinentes para estos tiempos. En uno la consigna del investigador es “Confiesa, ¿Qué pretendías con eso de salario digno? ¿Subvertir el sistema?”. En el otro, apenas “Sabemos qué piensas”.
Porque sabemos lo que ustedes piensan, los citamos aquí y les pedimos que ayuden al buen destino del cohete, cuyo despegue se realiza con más entusiasmo que recursos. Seremos lo que ustedes decidan que seamos.

Oscar Cuervo

La otra