OPINIÓN | 'Ralph Rompe Internet' y las princesas Disney


Desde siempre a Disney se le conoce como aquel estudio en el que las películas, a pesar de ser excepcionales, tienden a endulzar las tragedias a las que se enfrentan sus personajes, a simplificar el amor y el proceso de enamoramiento, y a perpetuar infinidad de perjuicios que a menudo se le atribuyen a la mujer. Sin embargo, tal y como hizo la casa del Ratón hace unos años con Frozen (Chris Buck & Jennifer Lee, 2013), aquel fenómeno que enseñaba a los más pequeños cómo el amor verdadero no sólo venía de la mano de príncipes encantadores, los herederos de Walt - aprovechándose de Ralph Rompe Internet (Rich Moore & Phil Johnston, 2018), el nuevo largometraje del estudio - han vuelto a romper sus esquemas abordando, con suma maestría, ese reproche que tanta fuerza ha cobrado en los últimos años: lo mal retratada que está la figura de la mujer en sus películas. 

Como yo jamás me situaré dentro de ese retorcido colectivo que sólo hace lecturas negativas de las películas de Disney en lugar de disfrutar de su animación, música y de sus indiscutiblemente positivos mensajes, para mí ha sido un auténtico triunfo que con Ralph Rompe Internet Disney haya conseguido definirse como un firme defensor de la mujer y, de paso, haya dejado claro que es perfectamente consciente de cómo sus clásicos, en un presente tan políticamente correcto como el actual, pueden parecer hasta cierto punto retrógrados, sin que eso les reste ningún valor o les haga menos recomendables para el público infantil.

Funcionando como secuela a la película de 2012 y teniendo lugar seis años después del divertidísimo encuentro entre Ralph y Vanellope en ese juego de arcade llamado Sugar Rush, los realizadores de este nuevo clásico han aprovechado la visita de los protagonistas a Internet para hacer una parada en la página web de Oh My Disney, una plataforma dedicada al legado de Walt en la que Vanellope se encontrará con todas y cada una de las princesas Disney. Y a pesar de que la película mantenga la frescura de su predecesora, de que transmita un muy apropiado mensaje sobre la amistad y de que cuente con una animación espectacular, su punto álgido no es el muy acertado retrato que hace sobre la red, sino - precisamente - esas escenas en las que Blancanieves, Aurora y compañía interaccionan con los protagonistas.

Aunque la aparición  de las princesas no sea nada relevante de cara a la historia que Ralph Rompe Internet pretende contar, en esos escasos minutos el público presenciará cómo estos eternamente damnificados personajes se ríen de sus propios clichés sin dejar de abrazar su estatus dentro del universo Disney, enseñando así varias lecciones a Keira Knightley y sus acólitos: que las princesas Disney no son tontas, que sus personalidades no "son menos" por cantar canciones, hablar con "animalitos" o haber sido rescatadas, y que la educación - y, consecuentemente, la percepción que cada crío tenga de todo personaje de animación - se debería enseñar en casa sin tener que recurrir a las pantallas. Porque, por muy gratificante que sean esos minutos y por muy fantástica que nos parezca Ralph Rompe Internet, en el fondo dar una vuelta de tuerca a la historia de cada una de estas princesas es más fácil que freír un huevo. Y eso también se puede hacer en casa.



Jerry
Imagen vía Collider

Jerry F.

Malditas criticas de cine