Mariana Travacio: "Los lectores y los libros"

Fotografía: Alejandro Jandry


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Suelo leer dos o tres libros por semana. Eso da unos ciento veinte libros al año. Es lo que debo haber leído este año, también.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Leí relativamente pocas novedades editoriales este año. Eso sí fue excepcional. Se lo debo a dos vicisitudes: 1. A mi biblioteca, que me juega malas pasadas de tanto en tanto: se desordena espantosamente. Cuando el desorden alcanza un nivel intolerable para mí, me dispongo a ordenarla y sé que entro en riesgo: pierdo las riendas y acabo leyendo lo que ella me impone. Este año fue un poco así: anduve largas semanas detenida en las indeclinables imposiciones de mi biblioteca. 2. A la escritura de una novela que arrancó con un tono un tanto peculiar y que me llevó a algunas lecturas específicas, no muy contemporáneas.

Dejando estas anécdotas de lado, nombraría: "Las aventuras de la China Iron", de Gabriela Cabezón Cámara, que acabo de leer, "Una ofrenda musical", de Luis Sagasti, "Las lágrimas", de Pascal Quignard, "Notas de campo", de Hernán Ronsino, "Adentro tampoco hay luz", de Leila Sucari, y libros del año pasado que alcancé a leer este año: "Intemperie", de Eduardo Lalo, "La condición animal", de Valeria Correa Fiz, "Tres veces luz", de Juan Mattio, Sobre lo anterior, también de Pascal Quignard, y libros de años pretéritos con los que me crucé este año: "Una letra femenina azul pálido", de Werfel, -delicada pieza que leí a recomendación de Pablo Pazos-, y "La première gorgée de bière," esas bellas postales sobre la nostalgia que escribió Philippe Delerm. Y ando con muchas ganas de leer dos libros de reciente edición: "Una casa junto al Tragadero", del querido Mariano Quirós, flamante Premio Tusquets de novela, y "Cadáver exquisito", de la querida Agustina Bazterrica, flamante Premio Clarín de Novela.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Al voleo: Lobo Antunes, Nabokov, Lem, Borges, Rulfo, Saer, Onetti, Levrero, Macedonio, Pessoa, Lispector, Guimarães Rosa, Chico Buarque, Marcelo Cohen, Quignard, Yourcenar, Duras, Barthes, Kafka, Tolstoi, Foster Wallace, Bolaño, Vila-Matas. Algo así.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Leer es un acto de orden íntimo. No creo que se le pueda decir a otro qué debe leer. Si lo pienso desde mí, es muy difícil que avance en una lectura si no son esas páginas las que me llaman. Suelo hojear los libros, antes de leerlos: salteo contratapas, y prólogos, y voy directo a las primeras páginas. Tiene que haber algo en la gramática del texto, algo ahí, que me convoque.
Lo que sí puedo hacer es nombrar algunos libros con los que fui feliz.
Hoy es sábado, y llueve, y de un modo completamente arbitrario recuerdo, por ejemplo:

"Barra siniestra", de Vladimir Nabokov: me acuerdo de leerlo en un hotel, en las cataratas del Iguazú, en estado de deleite. Sobre el final del texto, me vi arrojando el libro contra la pared del cuarto. Después lo fui a recoger, indignada. Respiré hondo y terminé de leerlo y me escuché pronunciando en voz alta: sos un hijo de puta. Creo que lo dije más de una vez, y después me quedé ahí, inmóvil en el cuarto, hasta que se hizo de noche.
"Pnin" y "Pálido fuego", de Nabokov, también me conmovieron.

"Manual de inquisidores", de Lobo Antunes: me deslumbró su gramática de la memoria, que la vuelve materia, como si fuese palpable.

"Estrella distante", de Roberto Bolaño, o "El entenado", de Juan José Saer, me parecieron artefactos narrativos tan limpios, y tan gozosos.

"El testamento de O’ Jaral", de Marcelo Cohen, tiene unos pasajes de una precisión monstruosa.

La muerte de Iván Illich, de Tolstoi, tan palpable.

Rulfo me puede: no hay un año en que no relea "El llano en llamas" o "Pedro Páramo". Es casi una necesidad física. Hay algo en esa gramática que me limpia, o que me allana.

"Escribir", de Marguerite Duras, me  interpela: necesito volver a él, también, cada tanto.
"Leche derramada", de Chico Buarque, tiene un modo de hilvanar recuerdos que me trajo reminiscencias de Lobo Antunes y contiene, además, algunos pasajes absolutamente memorables: la mirada aguda, tan precisa.

"La familia", de Gustavo Ferreyra, es otro libro que me conmovió.

Con Pascal Quignard todavía no sé bien qué me pasa, pero algo en su sintaxis me llama poderosamente. Se me vuelve adictivo.

Lem me hace reír como pocos. "Magnitud imaginaria" o "Vacío perfecto", por ejemplo, me han hecho reír infinitamente. También, sus "Diarios de las estrellas".

Y si hablo de risas, ahora me acuerdo de una escena de "La monja alférez", de Thomas de Quincey, que es francamente imperdible.

Y así podríamos seguir, rememorando lecturas. Sólo atino a pedir disculpas por una lista tan arbitraria: es una noche inexacta.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

No me juro leer. Me parece que leer es un asunto de diálogo, o de encuentro. No se le impone un amor a nadie. Sucede o no sucede. Y eso es todo.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

He padecido, obligada por razones de estudio, en dos momentos de mi vida, los textos del maestro del punto de vista. No descarto que en otro momento nos podamos encontrar. Pero, por ahora, James y yo sólo hemos logrado unos encuentros desabridos, bastante tediosos y poco fructíferos.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Quizás sea el año en que descubrí a Eduardo Lalo. Era abril. Había ido a visitar el stand de Corregidor en la Feria del libro de Buenos Aires y Federico Gori me recomendó que leyera "Simone". Eso hice. Me encontré con una gramática despojada y con una lógica fragmentaria que me interpelaron largamente. Y así seguí, este año, leyendo a Lalo.

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Mariana Travacio nació en Rosario, se crió en São Paulo y actualmente vive en Buenos Aires. Es Licenciada en Psicología y Magister en Escritura Creativa. Se desempeñó como docente de Psicología Forense en la Facultad de Psicología de la UBA y publicó diversos trabajos en su órbita profesional.
Ha recibido numerosos reconocimientos literarios en concursos nacionales e internacionales, entre ellos, ha sido finalista en el Premio Juan Rulfo (Paris, 2012), en el Premio Eugenio Cambaceres de la Biblioteca Nacional (Buenos Aires, 2013), en el Premio Caza de Letras de la Universidad Autónoma de México (México, 2013) y en el Premio Internacional Julio Cortázar de la Universidad de La Laguna (Tenerife, 2014).
En 2015 obtuvo el Premio Internacional de Relatos Cortos José Nogales (Huelva, España), y el Premio de Narrativa de la Hispanic Culture Review, (George Mason University, Estados Unidos).
Sus cuentos han sido publicados en antologías y revistas de Argentina, Uruguay, España, Cuba, Brasil y Estados Unidos.
Es autora del libro de cuentos Cotidiano, (Baltasara Editora, 2015), y de la novela Como si existiese el perdón, (Metalúcida editora, 2016). En 2018 publicará Cenizas de carnaval por Tusquets editores.




Fernando Torres

Lo Imborrable