Litto Nebbia en primera persona

El rosarino publicó “Mi banda sonora”, autobiografía en la que descorre el velo sobre una vida dedicada a la música, las canciones, la composición, los arreglos y la producción musical.

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Por Néstor Pousa

Mi iniciación en el Rock Nacional fue por una canción de Litto Nebbia, ya que hasta ese momento solamente escuchaba a The Beatles. Esa canción es Vals de mi hogar, el track número uno de Muerte en la catedral, quinto álbum solista de quien es considerado el fundador del rock en castellano junto a su grupo Los Gatos Salvajes, luego Los Gatos.
Pero la canción en cuestión no me llegó a través del álbum mencionado, sino en un vinilo que llegó a mis manos casi por casualidad, un disco con artistas varios, bajo el título Música Joven Argentina, una de esas recopilaciones que los sellos lanzan con fines promocionales y en donde incluyen canciones de autores e intérpretes estilísticamente antagónicos, que en este caso van desde Palito Ortega a Almendra, y de Donald a Alma y Vida.
Algunos años después pude ver a Litto por primera vez en vivo en una presentación solista en el legendario pub Tonos y Toneles de Córdoba, y grupales, junto a Los Músicos del Centro, en el célebre Festival de La Falda.
La primera vez que lo entrevisté fue en el verano de 1989 luego de una presentación en el desaparecido Cine Teatro Gran Rex de La Falda, en el ciclo El Cantautor. Al finalizar su actuación me acerqué al borde del escenario para pedirle la nota y él, como siempre lo hace, accedió inmediatamente y de muy buen grado. Así, nos acomodamos en dos de las tantas butacas de la sala ya vacía y en penumbras. La entrevista fue larguísima, todavía recuerdo la cara de fastidio de los organizadores del evento que presenciaban nuestra distendida charla aguardando que por fin concluyéramos para poder cerrar e irse. La cuestión es que Litto no parecía tener ningún apuro y el reportaje recién finalizó (abruptamente) cuando se agotó la cinta del cassette del mini-grabador y recién ahí nos fuimos.

Litto tiene como estas, mil y una anécdotas para contar y lo hace con gusto cada vez que se da la ocasión y en Mi banda sonora, la autobiografía que publicó en 2017, se despacha a placer. Nebbia, el padre del rock nacional o el inventor del invento, tal como lo rebautiza Andrés Calamaro en su prólogo, es un conversador prodigo y para llevar sus memorias al papel no recurrió al recurso cómodo de un “escritor oculto” o ghostwriter. Es el mismo Litto en primera persona quien frente al teclado de la computadora nos habla y cuenta su historia, la que comienza en Rosario, un 21 de julio de 1948 (hace poco cumplió 70 años). Quien acceda a sus páginas no se va a encontrar con una biografía formal y cronológicamente narrada, hay saltos de tiempo, subtemas y un capítulo completo dedicado a su pasión por el cine, en el cual se revela como un cinéfilo entusiasta y experto, de memoria prodigiosa que recuerda títulos, directores, años de realización, protagonistas y bandas de sonido. Y así, como una película de Tarantino, la trama de su vida avanza y retrocede sin aviso previo relatando nuevos episodios en modo random.
Sobre su infancia y adolescencia pone especial énfasis. Fue una etapa formadora del hombre y del artista que conoceríamos después. Litto, anotado como Félix Francisco Nebbia, evoca el carácter bohemio de sus padres, músicos al igual que él. Su vida familiar en las pensiones del centro de Rosario, su ciudad natal, una vida sin abundancia de cosas materiales, incluso con muchas privaciones, pero que repasa sin resentimientos, ni melancolía, aunque se advierta algo de nostalgia en esas líneas.

Luego, el desembarco a edad adolescente en Buenos Aires con Los Gatos Salvajes, el ascenso con Los Gatosy el inusitado éxito nacional y sudamericano. Los inicios de una temprana carrera solista, la vuelta de Los Gatos con Norberto Napolitano (Pappo), el simbiótico trío con orientación jazzística junto a Néstor Astarita y Jorge González, las experimentaciones folklóricas con Domingo Cura, los años de censura, el exilio en México, el regreso al país, las músicas para películas. Todo matizado con anécdotas y relatos hasta ahora inéditos.
Más adelante reflexionará sobre temas libres, aunque afines a la profesión de músico de la que nunca se apartó. Cuestiones como el negocio de la música, los contratos con las discográficas, aclarar viejas polémicas que alguna vez lo afectaron. La producción musical, la decisión de ser un artista independiente, la fundación del sello Melopea. El dolor por la temprana partida de su padre, Félix. Las mujeres más importantes de su vida: su madre Martha, su hija  Miranda, su esposa y compañera Alex. Los músicos de los que se nutrió y los músicos con los que se relacionó musicalmente. Sus constantes viajes por el mundo, su vida vertiginosa, incansable, impredecible, apasionada.

Néstor Pousa

Prensa Rock