La brutal eficacia de la nueva derecha

El peronismo resultó complicado


El tejido social argentino ya está dañado, aunque al régimen todavía le queda mucho daño por hacer.

Lo que hoy sorprende es la velocidad con que se mancó el sueño del partido de derecha que gana elecciones. La derecha moderna y democrática. Al pedir el auxilio del FMI para salir del atolladero en el que se metió solo, el macrismo se empeñó en hacer quedar como un pelotudo a Natanson. Nos exime de argumentar nada. "La brutal eficacia de una nueva derecha". El discurso de la nueva normalidad quedó más devaluado que el peso.

El dilema entre gradualismo y shock encuentra un obstáculo en la percepción colectiva: Cristina se fue sin crisis de gobernabilidad. El recuerdo de una vida mejor está muy cerca. Esto va a pesar mucho en la resistencia que se viene.

Las políticas del shock necesitan de una crisis previa. La sociedad argentina no percibió ninguna crisis hasta el momento en que las inconsistencias del esquema macrista la lograron desatar. La crisis va a explotar en las manos de los que decían hace media hora "lo peor ya pasó".

Macri es un dirigente político insanablemente desangelado, no hay milagro comunicacional que puede revertir esta evidencia. Carrió tiene que salir a explicar que, como es ingeniero, parece que no fuera capaz de sentir, "pero él sí siente", dice la gorda. Vidal todavía se preserva en un rincón a media luz esperando su turno. Si el año que viene el poder ve que Macri pierde, jugará la dama. Pero si gana, la bomba que activó el macrismo le va a explotar en su primer año de mandato. No es una cuestión de carisma: Vidal recibiría una sociedad muchísimo peor que la que recibió Macri.

El gran negocio del poder financiero trasnacional ya está asegurado. Esto incluye a la mayor parte del gabinete que, a diferencia de los gobiernos radicales, cuando todo termine de irse al carajo va a volver a cumplir funciones en sus casas matrices. Muy improbable que un gobierno popular pueda encanarlos antes de que huyan. 

El futuro de las generaciones pobres está ensombrecido. Eso lo decidió esta sociedad en su conjunto en 2015. Tendrán que llevar ese peso por un tiempo largo. 

Pero había algo más: la pretensión de acabar con décadas de peronismo. La revolución cultural que soñaron Rozitchner, Iglesias Illa, Levy Yeyati, Natanson. Poner a la sociedad argentina, con las tecnologías postmodernas, en sintónía con la época. No está pasando. El macrismo resultó ser muy chapucero para una operación tan compleja. El peronismo resultó complicado.

La crisis de estas semanas es ante todo política. La restricción externa no es novedad y la receta elegida para enfrentarla conducía a esto que estamos viendo. Lo sabía cualquiera que quisiera saberlo.

Entre tanto, en otra parte de la ciudad gótica, se multiplican los ansiosos para que la oposición se organice rápido.

Yo no me cuento entre esos apurados.

La pedagogía de la historia tiene que obrar más a fondo, los próximos años van a ser difíciles, la historia se puede torcer y, creo, se va a torcer, pero va a llevar tiempo, hambre, vidas. Eso la sociedad argentina en su conjunto lo decidió en 2015. 

Las previsiones más optimistas acerca del retorno de un gobierno popular no van a eximir a la sociedad en su conjunto de que pague el precio de la irresponsabilidad con que dejamos que la derecha salvaje volviera y volviéramos a recordar que era salvaje. Va a haber que enfrentar situaciones de alta dificultad. Va a haber que construir un poder popular muy sólido. Si como todo indica, este experimento neoliberal termina en catástrofe, un nuevo gobierno popular va a encontrar el campo arrasado.

La conversión tardía de sectores medios que ahora dicen que Macri es un inútil y se arrepienten de haberle creído no es un terreno sobre el que se puedan edificar las bases de la lucha futura. No se trata simplemente de volcar al tercio voluble de la sociedad de vuelta para este lado: va a hacer falta repudiar la deuda externa, democratizar de verdad el poder judicial y las fuerzas de seguridad, reformar la Constitución. No se debe votar a un gobierno semi-peronista para que siga el ajuste que Macri o Vidal no acabaron. El aparato de comunicación del poder real va a estar intacto cuando Macri sea una mala palabra: ya se está reconvirtiendo. Un futuro gobierno popular va a enfrentar desafíos más duros que los que le tocaron al kirchnerismo

Si querés que lleguemos rápido, no nos apuremos. No soy partidario de acelerar este proceso. Se tiene que hacer bien y no rápido. Se trata de un frente popular que pueda bancar esa lucha y no un frente electoral que le gane por unos puntos a cambiemos para romperse meses después de llegar al gobierno. 


Oscar Cuervo

La otra