Estado y mercado, no hay rivalidad, hay mutuo beneficio

En los últimos años se viene hablando mucho de la importancia de recudir el Estado para favorecer la economía. Esto se basa en la equivocada idea, que proviene de modelos macroeconómicos neoclásicos, de que un mayor gasto público presiona las tasas de interés al alza y eso impide a la inversión privada explotar tanto como lo haría si ese gasto no fuera tal.


En la Argentina eso no tiene ningún sentido porque los objetivos de nuestra economía no tienen ver con achicar el Estado. La economía tiene que cambiar para mejorar. Tiene que sumar jugadores en términos sectoriales -en presencia o participación-, al entramado productivo, para crecer con una configuración económica que sea productiva, inclusiva y sustentable. Eso requiere un cambio de las instituciones que asignan recursos, por ejemplo, para favorecer a la ciencia y la tecnología con mayor investigación y desarrollo.


Lo que precisa la economía argentina es ganar en sustentabilidad sin que ello tenga que ver con un ajuste furioso. Al contrario, la idea es ganar sustentabilidad con equilibrios que tengan que ver con mayores niveles de producción y bienestar social.
 

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Como puede verse, una baja de impuestos, asociada a mejoras de ingresos netos de los sectores más ricos de la sociedad, con la excusa de que si ganan más, invierten más, es un argumento que no se cumple. De hecho el PBI per cápita tiende a bajar cuando mejora el ingreso del quintil más rico de la población (q5 en el gráfico), y sube cuando esa porción de ingreso se redistribuye hacia sectores con mayor propensión a consumir.

Las correlaciones no aseguran causalidad. Pero sin dudas aquí hay bastante para pensar.



Hérnan Herrera

Hache