El rock del eterno retorno

El festival que nunca se fue pero que siempre está volviendo tuvo una nueva edición el pasado sábado 17 de noviembre con Ricardo Iorio, La Vela Puerca, Kapanga y Bersuit como números centrales. Aquí la crónica.


LA FALDA ROCK 2018

Por Néstor Pousa

Desde épocas remotas, y me refiero a los inicios de este ciclo en los tempranísimos años ’80, al finalizar cada edición quedaba flotando en el ambiente la duda sobre su continuidad. ¿Por qué ocurría esto? Indudablemente el festival de rock dividía a la sociedad faldense. Estaban los que lo apoyaban, otros a los que les era absolutamente indiferente y también había un sector decididamente en contra. Estos últimos, creyendo que este evento no era más que un capricho pasajero, esperaban con la culminación de cada nuevo capítulo, que ese fuera el último. Que semejante festival no aportaba nada a la ciudad que lo cobijo y no debía continuar.
Por otra parte estaban los periodistas que llegaban desde Buenos Aires, algunos de ellos no veían con buenos ojos que un festival tan grande se hiciera tan lejos. Cierta vez un muy reconocido periodista de rock de la Capital que asistió a alguna de las primeras ediciones (dejaré su nombre en reserva) me confesó que tenían que viajar 800 km en incómodos colectivos enviados por los medios para los que trabajaban, a cubrir el acontecimiento, reconociendo el fastidio que le producía el desplazamiento. De esta forma, el festival faldense no contó con “buena prensa”, o al menos con una mirada más objetiva, durante los primeros años, por parte de las revistas especializadas del momento.
Con este coctel tan desfavorable la ciudad se perdió el tren de la historia, ese que en el mejor de los casos pasa una sola vez en la vida. El ciclo, conocido inicialmente como Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda, invención del locutor y productor salteño Mario Luna, tuvo su etapa reveladora y dorada en los ‘80, luego dos regresos sin gloria, y una tercera resurrección que está en curso. Ahora conocido con la genérica denominación de La Falda Rock, esta última etapa arrancó en abril de 2017, con producción de la empresa cordobesa XL Abasto, propiedad del faldense Matías Cibin, en asociación con la porteña Pirca Producciones, encabezada por Cristian Merchot. Ambas alineadas con la Secretaría de Turismo de La Falda, que auspicia el evento y aporta con infraestructura, publicidad, hotelería, servicios y algunos extras.
Como era de esperarse el regreso del 2017 vino acompañado de una nueva polémica. Esta vez por la fecha elegida, 14 y 15 de abril, que coincidiendo con la celebración de la Semana Santa para algunos ofendía la liturgia y para otros podía afectar económicamente el desarrollo de ese “finde” largo. Esta vez el festival se enfrentaba a argumentos basados en la fe católica junto a otros definitivamente prosaicos. La corriente anti-rock de la ciudad nunca había llegado a limites tan contradictorios para manifestar su oposición.
Esto hizo modificar la estrategia a los organizadores que, aunque descartaron de plano para 2018 la fecha santa, siguieron adelante con convicción. Se pensó entonces coincidir con el fin de semana largo de mayo. Luego saltó a agosto. Hasta caer en noviembre. Los motivos de tantas postergaciones ya no importan, al fin de cuentas esto de no tener la prioridad de una fecha fija en el calendario es otra consecuencia de las sucesivas interrupciones que llevaron a que un festival con 38 años de historia, solamente haya concretado 12 ediciones. Un dislate. Hagámonos cargo.      

Modelo 2018. Paraesta nueva edición se diseñó un formato exprés de una sola fecha, el 17  de noviembre, similar a la de marzo de 1985, aunque, claro, con otros protagonistas. Una grilla variada que apuntaba a agradar a paladares diversos, con nombres de peso en la escena nacional, buscaba alcanzar la ansiada meta de colgar el cartel de “no hay más localidades”. Llenar la capacidad física del anfiteatro municipal, sede inamovible de este ciclo, se convirtió en una verdadera obsesión de estos tiempos.
En las antípodas estéticas, los uruguayos de La Vela Puerca y Ricardo Iorio en plan solista, parecían ser el imán más poderoso de este capítulo. De hecho el ex Almafuerte se explayó en alguna entrevista en contra de los charrúas, pero ese detalle no condicionó para que no pudieran compartir cartel. Bersuit y Kapanga son dos bandas históricas de la edición 2002, aquella que produjo José Palazzo junto a su ex socio el Perro Emaides. En tanto Asspera y Sueño de Pescado tenían en este casting el rol de posible banda revelación.
La jornada largó alrededor de las 18.30 con Notakustica, banda faldense que no hizo valer su localía para participar. No hubo favoritismos sino que se ajustaron al reglamento del concurso impulsado por una radio cordobesa y accedieron por el voto de la gente. Meritorio lo de José Hormaeche, Lautaro Santos y compañía, que entendieron que no se es artista por decreto y que la palabra final, siempre, la tiene el público.
Asspera es una banda de metal bizarro, por definición propia, que mezclan música, humor, máscaras, elementos grotescos y letras sexistas. Una combinación explosiva ante una platea todavía dispersa por la hora temprana de su actuación.
La Bersuit llegó con su Gira 30 Aniversario dejando en claro que tienen un repertorio imbatible plagado de clásicos que derriban los límites estilísticos del rock. Fue el momento más eufórico de la  noche con los hitazos que los llevaron al éxito masivo, como: Yo tomo, Perro amor explota, El tiempo no para, El viejo de arriba, una versión flow de Sr. Cobranza, Se viene (es estallido), La bolsa y La argentinidad al palo, esa especie de chacarera-rap que tan bien nos define. Está claro que sin Cordera algunas interpretaciones perdieron dramatismo y que con la dupla vocal de Dani Suárez y Cóndor Sbarbati se resetearon hacia una versión más fiestera de sí mismos.
El prime time quedó en manos de La Vela Puerca, debut absoluto en esta ciudad y este festival, subidos a la gira presentación de Destilar, su flamante disco grabado buena parte en Traslasierra (Córdoba), con canciones que conviven sin complejos con los clásicos de la banda montevideana. No importa si de entrada largan con lo nuevo: Velamen, Atála, La Nube y Casi todo, los fans ya se los saben de memoria y no fallan.
¿Será Sueño de Pescado la nueva cosa del rock vernáculo? Formados hace 5 años en La Plata, ciudad con una asombrosa tradición rockera (La Cofradía, Los Redondos, Virus, Estelares, Guasones) que ellos no desconocen. Igual, su propuesta está más cercana al sonido y las letras del rock barrial de Callejeros, La Beriso o Salta la banca. Tienen en Manuel Rodríguez (voz, guitarra), un frontman tan hiperactivo que se hace un blanco difícil para los flashes. Habrá que esperarlos un poco más.
Con alguna demora en los horarios previamente programados subió a escena Kapanga, una tremenda banda de rock and roll que se delira por el cuarteto y con la Mona Jiménez como norte. Con el inefable “Mono” Fabio al frente, descargaron un arsenal de canciones que los identifica, porque uno puede esperar cualquier cosa de Kapanga, menos que cambien la formula. Fueron los que técnicamente mejor sonaron, siendo este, el rubro sonido, una de las dudas que dejo esta edición.

Iorio, saldando una deuda. Tras una nueva y prolongada espera aparecería Ricardo Iorio en plan solista y con su nueva banda. Personaje polémico si los hay (postear un comentario en las redes sobre él siempre provoca alguna repulsa) Ricardo hacía dos largos años que no pisaba Córdoba. La última vez fue en la capital cordobesa y con este mismo proyecto. Había entonces mucha expectativa por ver al fundador de V8, Hermética y Almafuerte entre nosotros, que a priori generaba dos apostillas: saldaba con su presencia una deuda desde 1984, año en que programado en este mismo festival con V8, no llegaron para cumplir con el compromiso. “Se nos enfermó el baterista de mononucleosis”, explicaba Ricardo la noche antes, aunque en aquel momento no tuvieron forma de avisar. La otra: en la nueva banda se alista Joana Gieco (piano y teclados), la segunda hija de León. Este dato no es menor, ya que alguien que es escrachado por supuesta misoginia, es el único que en este festival incluyó mujeres en su staff. Además de la hija del santafecino hay que mencionar a Carina Alfie, guitarrista invitada y a Julia Vera, su asistente personal.
El emblema del metal pesado argentino se despachó con una lista con mayoría de canciones de la etapa Almafuerte, agrupación desactivada en 2016. El nuevo quinteto se completa con partes iguales de experiencia y juventud, con los hermanos Walter y Rubén Martínez (batería y segunda guitarra, respectivamente) y Alejo y Facundo León (primera guitarra y bajo). Repasaron clásicos como: Debes saberlo, Se vos, Convide rutero, 1999 y Toro y pampa (aquí con una fugaz aparición del Mono de Kapanga que seguía el show desde un costado del escenario). Con la invitada Carina Alfie se escucharon Guitarrera y Justo que te vas. Luego la banda cerraría con Tu eres su seguridad. Era tarde y no hubo bises, y aunque la historia de este tan histórico como vapuleado festival sumo un nuevo jalón a su biografía, siempre quedará flotando la incógnita del principio.-

Néstor Pousa

Prensa Rock