De la potota al pototo



Mario D'Alessandro, el “Pototo” original, cuenta la verdadera historia por detrás del simple inaugural de Almendra, la primera de las bandas eternas de El Flaco.


JOSÉ BELLAS

Con la frase “Hay un fusilado que vive” comienza una de las obras cumbres de la no ficción argentina, Operación Masacre de Rodolfo Walsh. Reemplacemos “fusilado” por “egresado” y tendremos el puntapié de la extraña historia que no sólo inicia la carrera profesional de Luis Alberto Spinetta, al frente del cuarteto Almendra, sino también de una forma de encarar el rock desde una conjunción poética única en el habla hispana.

En julio de 1968, con los arreglos orquestales de Ricardo Alchourron, el grupo entró a registrar su primer simple, que incluiría las canciones Tema de Pototo (en el lado A) y El mundo entre las manos (lado B). A un Spinetta de apenas 18 años lo secundaron (como siempre que el proyecto se llamó Almendra) los indispensables Edelmiro Molinari en guitarra, Emilio Del Guercio en bajo y Rodolfo García en batería.


“Almendra se llama el conjunto que, seguramente, se va a convertir en la sensación en la próxima primavera porteña. El capo del grupo, José Luis (sic), según algunos entendidos está destinado a ser una especie de prolífico Lennon argentino”, vaticinaba la revista Pinap en agosto del ‘68, un mes antes de la salida oficial del simple.

Mario D'Alessandro, alias Pototo.Medio siglo después, en algún lugar de zona norte, Mario D’Alessandro atiende una campana que reemplaza a un timbre roto. “Hola, soy Pototo”, extiende la mano un hombre alto y saludable, que alguna vez fuera tenista amateur y que todavía se gana la vida en la gama estética de la odontología. A él es que le está dedicada la melodía que comienza con un mantra de amistad y pérdida: “Para saber cómo es la soledad/ tendrás que ver que a tu lado no está/ quien nunca a ti te dejaba pensar/en donde estaba el bien/en donde la maldad”.


Invita café y cuenta: “Nací en Belgrano, pegado a Excursionistas. Hice el secundario en el San Román. Desde 1° a 5° con Emilio Del Guercio y Luisito. Y siempre nos tocó juntos, misma aula. Vivíamos cerca. Emilio en Barrancas y Luis en Arribeños.

-¿Y cómo te relacionabas con ellos? ¿Tocabas también?

-Soy muy buen escuchador de música y un perro tratando de afinar dos notas. Estaba todo el puto día con ellos. Con Luis éramos fanáticos de The Beatles. ¿Sabés lo que me hacía? Venía y me decía: “Escuchá esto, lo pasaron anoche a las 2 de la mañana, es el último tema de los Beatles”. ¡Mentira! Y me cantaba algo genial, de él, sanateando en inglés. Me engrupía.

-La canción donde te inmortalizan surge de un malentendido muy fuerte. ¿Cuál es la verdadera historia?

-Yo estaba de viaje de egresados, con el curso, en Colonia Suiza, a 30 kilómetros de Bariloche. Luis no fue, iba a ir, pero surgió surgió que le piden grabar un demo para pasarlo en la radio, esa fue la causa por la que no estábamos juntos. Y yo había quedado con una noviecita en que si después del viaje me iba a Miramar, le iba a mandar un telegrama para avisarle, así nos reuníamos allá. Era algo muy escueto, y tenía que decir: “Reservar. Pototo”. Se lo mandé. Y a ella le llega: “Falleció Pototo”.

-¿Qué onda?¿Se enteraron todos en Buenos Aires?

-Lo peor es que el Correo tardó 48 horas en corregir la cuestión. Llegó a Miramar y esta chica, Susana, estaba desesperada. Con el telegrama en la mano lo va a ver a un profesor de tenis mío, que justo estaba ahí. Y él le dice que va a ir a Villa Gesell, que ahí estaban mis viejos, para darles la noticia. Y antes de salir, manda un telegrama a la Gendarmería de Bariloche pidiendo información sobre mí. Y como siempre que hay un hecho desgraciado, suceden un montón de sincronicidades. Así es que un radioaficionado que estaba en Bariloche capta el mensaje sobre la muerte de Mario D’Alessandro. Llega a Colonia Suiza y pide hablar con los responsables del San Román. Y así me entero yo de que “había muerto”.

-¿Y cómo se enteran los Almendra?

-El mismo día, Luisito va al San Román a buscar unos papeles que necesitaba para inscribirse en la Facultad. Ahí le dicen que yo había muerto, porque al colegio le llegó rápido la información. Su mamá, después, me dijo que a él le agarró un ataque de locura. Por suerte, también, la rectificación le llegó rápido. Así que a partir de que Luis se entera de que estoy vivo, compone el tema, y pone ahí lo que sintió al perder a un amigo. De eso habla.

-Digamos que si hubiera existido el whatsapp, no hubiésemos tenido el "Tema de Pototo".

- Claro, fue una situación que con el tiempo es tragicómica, porque es difícil imaginarse el año ‘68 con las comunicaciones. Cuando volvemos, Luisito me va a buscar a Constitución, me da un abrazo enorme y me dice que a la tarde pase por su casa, para ver el ensayo de Almendra. Voy a Arribeños y me dicen: “Escuchá los dos temas que vamos a grabar”. Y me tocan el Tema de Pototo, sin decirme que se llamaba así, y El mundo entre las manos, cantando los cuatro, con Rodolfo en batería. Me preguntan cuál me gustó más y les dije, sin dudar, la segunda.

-Sin saberlo, te autoboicoteaste.

-¡Y yo qué sabía! Pasaron los meses y me avisa Luis que escuche el programa radial Modart en la noche, porque iban a pasar su simple debut. Cuando lo escucho al locutor, Pedro Aníbal Mansilla, decir: “El nuevo conjunto Almendra y su canción Tema de Pototo" me agarró una emoción terrible. Lloraba. Fue impresionante.

-Y al poco tiempo salió la versión de Leonardo Favio.

-Sí, pero él le cambió el título, le puso Para saber cómo es la soledad. Y se la dedicó a Carlos, un amigo al que había bajado la cana. Coincidió con la época de furor de Favio: Luis me contó que nunca ganó tanta guita como con esos derechos de autor.


-Aunque el tema se hizo popular, siempre tuviste perfil bajo.

-Para mí los mimos fueron otros. Que Luis me presentara a Charly y que él se pusiera loco. “¡Sos un grosso! ¡El personaje de mi tema preferido!”. Yo ya estaba en la Facultad. El Flaco me decía: “Yo voy a ser tu primer paciente, tengo la boca hecha un derrumbe”. Y así me convertí en el dentista oficial de su familia.


-¿Y quién fue Luis Alberto Spinetta para vos?

-El tipo más sencillo que te pudieras imaginar. Muy amigo de sus amigos. Anfitrión. Excelente cocinero. Un hermano. Con decirte que el día que me contó que tenía cáncer fue él el que me tuvo que contener. Es terrible lo que lo extraño. Terrible.

Artemio López

Ramble Tamble