CRITICA | Hereditary


No hay año en el que los espectadores no nos sorprendamos con largometrajes concebidos por amateurs que terminan convirtiéndose en referentes de sus géneros. Títulos como Moon (Duncan Jones, 2009), Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016) y Lady Bird (Greta Gerwig, 2017) no sólo funcionan como excepcionales tarjetas de presentación, sino que además sirven para que recordemos cómo, a pesar de la escasa experiencia de sus respectivos creadores, en el cine no manda el currículum, sino la visión - y el arte - de sus cineastas. Como la de Ari Aster en Hereditary (2018). 

Aster, un joven neoyorquino que acaba de entrar en sus treinta primaveras, no era muy conocido hasta que su ópera prima - Hereditary (2018) - debutó en las salas americanas. El largometraje, escrito y dirigido por él mismo, conquistó la opinión de la crítica especializada en Sundance y dividió a un público que no sabía si lo que acababa de ver era una obra de arte - a la que se le ha llegado a calificar como "la nueva El Exorcista" - o una tomadura de pelo... como suele ser habitual en este tipo de producciones.

La película arranca con el funeral de Ellen Taper Leigh: una mujer que, tras haber sufrido una dura demencia, deja en la Tierra como única heredera a Annie (Toni Colette) quien, además de vivir con el temor a desarrollar alguna enfermedad mental por los antecedentes que la preceden (madre con demencia y hermano con esquizofrenia), tiene una familia que no es todo lo funcional que a ella le gustaría. Es más, no sólo su familia no es del todo funcional, sino que pronto se verá envuelta en una pesadilla que destrozará los cimientos que la mantenían a flote hasta ese momento.

Valiéndose de un lento y progresivo crecendo que se nutre de una historia intrigante, giros argumentales inesperados y unas actuaciones que quitan el aliento, Aster ha construido, como muy bien se dijo en Sundance, una de las películas más terroríficas del año. Sin embargo, y a pesar de su indiscutible calidad, el filme de Aster puede que no consiga ganarse todo el reconocimiento que debiera por lo poco habituado que está el público a ver películas de terror con clara personalidad, tramas elaboradas, direcciones y diseños de producción meritorios y una explotación del miedo que no se apoya en los efectos de sonido.

Y es que Hereditary no es un filme de terror al uso. Hereditary pide al espectador que no coma palomitas en la sala, que se sumerja en sus escenas, que empatice con sus personajes y que se deje sorprender por una historia escalofriante que, lejos de tener como único objetivo el "dar miedo", emplea una retorcida - y oscura - premisa para ahondar en cómo todos, por eso de que somos hijos de nuestros padres , tendremos una herencia. Una herencia no tiene por qué ser buena.


Jerry
Imagen vía Collider

Jerry F.

Malditas criticas de cine