CRITICA | El Gran Showman


En fechas tan señaladas como son el veinticinco de Diciembre o el uno de Enero, los cines de nuestro país se ven invadidos por montones de espectadores que, dispuestos a gastar todo el dinero que no gastan en sitios así durante el resto del año, abarrotan las salas con el objetivo de o bien entretenerse, o bien descansar de tanta reunión familiar y villancico. Y como para la industria esta tendencia es más que conocida, los títulos más facilones y complacientes del año aprovechan estas fechas para salir a la luz. Títulos como The Greatest Showman (Michael Gracey, 2018), la nueva película protagonizada por Hugh Jackman y Michelle Williams.

Muy en contra de lo que supuso La La Land (Damien Chazelle, 2016), la ópera prima de Michael Gracey no ha sabido avivar el extraño furor que el filme protagonizado por Emma Stone y Ryan Gosling sí despertó hace poco más de un año. Y es que, a pesar de que el apartado musical de The Greatest Showman sea indiscutiblemente sobresaliente (de ahí que la pieza This Is Me haya sido justificadamente galardonada con el Globo de Oro a Mejor Canción), la película en sí misma vale tan poco que su efecto a largo plazo será equiparable al de la ostentosa Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001): muy buena música, pero escaso valor cinematográfico.

Michael Gracey, alejándose de su pasado en el mundo de los efectos visuales y atreviéndose a ocupar la silla de dirección por primera vez, ha construido un filme que se hunde a sí mismo por su guión infestado de clichés, sus personajes planos, carentes de carisma y poco desarrollados, y por una historia que, además de pecar de simplona, le cuesta centrar su atención en el que es su aparente protagonista: el gran showman. Y es que, por muy interesante que para muchos fuese la biografía de P.T. Barnum, fundador del histórico circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus (que se hacía llamar el "Mejor Espectáculo del Mundo"), The Greatest Showman decide prescindir del valor histórico de su material para deleitar al público con varios videoclips - de calidad musical, como ya se ha dicho, excelente - concentrados en una artificiosa línea argumental que no tiene, pies, cabeza ni atractivo alguno.

Que me digan que la historia de un hombre nacido en la más humilde de las situaciones, que se fuga con una joven de clase alta y que, tras alcanzar el éxito y dejar de lado a los que le han acompañado durante toda su trayectoria, se da cuenta de lo que de verdad importa en la vida, es innovadora o interesante. Porque a mí eso me apesta a cliché. Y para venderme un musical o un relato histórico creo que hay que hacer mucho más que vender clichés.

¿O no, Chazelle?


Jerry
Imagen vía 20th Century Fox

Jerry F.

Malditas criticas de cine