CRITICA | Dumbo (2019)


Aunque la nueva película de Tim Burton no comience con unos títulos de crédito tan llamativos como los de su Charlie y la Fábrica de Chocolate (2005) o Sweeney Todd: El Barbero Diabólico de la Calle Fleet (2007), el arranque de esta versión a imagen real del clásico Dumbo (Ben Sharpsteen, 1941) es sin duda prometedor. Combinando la exquisita composición Train's a Comin' - firmada por Danny Elfman - con unas instantáneas del tren conocido por todos como Casey Jr., el público podría pensar que va a estar ante un filme emocionante, lleno de espectáculo y excentricidades, y del que va a salir sonriendo como un crío. Sin embargo, estos títulos iniciales, a diferencia de los arriba mencionados, ni son fieles al tono de la película ni deberían aumentar las expectativas del espectador. Porque desde el momento en el que la melodía de Elfman termina, Dumbo se desinfla y nunca más consigue alzar el vuelo.

Lejos de querer criticar los esfuerzos de Disney por intentar acercar los clásicos de antaño a un nuevo público y querer satisfacer a la mayoría adulta que creció con sus incontables joyas de la animación, hay que reconocer que lo de Dumbo es indignante. Si bien su concepto - y el desvío que toma con respecto a la historia del clásico de 1941 - son interesantes, no hay absolutamente nada que funcione en lo nuevo de Burton salvo el pequeño elefante de orejas grandes: un desgraciado "mono de feria" que, lejos de volver a encarnar al protagonista de la historia, sólo está ahí para generar suspiros por su diseño, los sonidos que emite y lo realista que parece.

Todo el resto de aspectos de Dumbo, con excepción de su políticamente correcto mensaje animalista, son perfectamente olvidables: desde la nula carisma de absolutamente todos sus personajes (y su nula evolución durante las casi dos horas de duración de la película), hasta su ordinaria banda sonora, torpe edición y desastroso guión. Y esto es una lástima porque, de haber sido de otra manera, su tercer acto - que sí consigue remontar la mediocridad que le precede - podría haber sido mucho más emocionante. Sólo habría hecho falta que se prestase un poco más de atención a los personajes en vez de intentar hacer creer al espectador que, llegado el desenlace de la película, de repente todos son los mejores amigos del elefante de orejas grandes. Porque yo me creo que el manco y sus insoportables hijos - junto a la trapecista francesa, la mujer sirena, el fortachón y el resto de payasos del circo - quieren a Dumbo y pretenden ayudarle, pero eso no significa que vaya a sentir que es así. Y ahí está el problema: que podemos creernos lo que sea, pero no hay emoción alguna a la que agarrarse. Y tanto su trailer como los créditos iniciales prometían otra cosa. Ay, Burton.


Jerry F
Imagen vía The Walt Disney Company Spain

Jerry F.

Malditas criticas de cine