CRITICA | Bohemian Rhapsody


Después de haber recaudado en taquilla la increíble cantidad de 740 millones de dólares, y habiendo cumplido ya dos meses en cartelera, Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) se ha coronado como el Mejor Drama del año para la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA). Contra todo pronóstico, el biopic de Freddie Mercury ha arrebatado el Globo de Oro a producciones tan sonadas como El Blues de Beale Street (Barry Jenkins, 2018) o Ha Nacido Una Estrella (Bradley Cooper, 2018), dando así paso a un aluvión de críticas que no sólo atacan a la decisión de la HFPA, sino que además descalifican lo nuevo de Bryan Singer y reflexionan sobre cómo la industria está perdiendo el norte a la hora de reconocer sus mejores trabajos. Y no es para menos.

A pesar de que Bohemian Rhapsody siga arrasando en cartelera y se haya ganado el favor del público, que un biopic tan convencional, azucarado y plano como éste se haya alzado con el título del mejor drama del año es una auténtica vergüenza. Sin embargo, poco podía esperarse de unos premios en los que el podio de "Mejor Drama" incluía a la principal promotora de esa infame invención de la Academia llamada "Mejor Película Popular", una categoría que, pese a haberse desestimado, parece intoxicar a todos y cada uno de los galardones de esta temporada.

Así como la repercusión sociopolítica de la para nada sobresaliente Black Panther (Ryan Coogler, 2018) parece hacerle digna de estar entre las cinco - sí: cinco - aspirantes al título de Mejor Drama, Bohemian Rhapsody ha llegado a la cima gracias a su descarada condición de crowdpleaser, a la simplicidad que se le ha dado a una historia que podría haber sido verdaderamente interesante y a los clichés que empapan a todos y cada uno de los personajes que la protagonizan. Y es que, por muy acertados que sean los manierismos, andares y muecas de Rami Malek (cuya voz, por cierto, no es la suya, sino el fruto de la mezcla entre la del conocido cantante canadiense Marc Martel, la del propio Mercury y la suya propia), llama la atención lo predecibles que son todos sus protagonistas y la poca vergüenza que han tenido los realizadores del filme tachando a Paul Prenter como el auténtico responsable de los males de Queen. Porque, aunque uno no conozca la historia real, es fácil darse cuenta de la peste que desprende el conflicto Mercury-Pretner reflejado en el filme, repercutiendo así sobre la credibilidad de todo un relato que, bien revisado, no podría estar más lejos de la realidad.

Así que no, por muy buena que sea su música, su labor de casting o su reconstrucción del Live Aid, Bohemian Rhapsody ni siquiera tendría que haber sido nominada a Mejor Drama. Y, sin embargo, aquí estamos: con una ganadora al Globo de Oro que - ojo - está dirigida por una celebridad acusada en múltiples ocasiones de abusos sexuales. Porque este año sí les dejamos, pero el año pasado a James Franco ni tocarle. ¡Ay, la doble moralidad de la industria!


Jerry F
Imagen vía Variety

Jerry F.

Malditas criticas de cine