Charly García, actor

1988. En un momento de altísima creatividad musical.
El 18 de marzo de 1990 Charly García concretó uno de sus grandes anhelos, el de tocar en un teatro de Nueva York a sala llena. El concierto de The Ritz, en pleno Broadway, es para la prole de García un hito, porque probó la consistencia de su obra ante un público diverso y una crítica exigente.

Charly se quedaría en la ciudad algunos días más para recibir un inesperado reconocimiento por su actuación en 'Lo que vendrá', estrenada dos años antes en los cines. El 24 de marzo la Asociación de Cronistas del Espectáculo Hispanos lo distinguió como mejor actor de reparto por su papel de enfermero. La institución también premió al joven director de la película, Gustavo Mosquera.

"Seguiré trabajando con Mosquera hasta que me muera, al mejor estilo Graciela Borges con De La Torre, o Liv Ullmann con Bergman”, dijo a su regreso a la revista Rock & Pop. “Ahí le cayó la ficha de que habíamos hecho algo distinto -dice el director-, porque hasta ese momento creo que para él era solo una película medio loca, medio rara”. El film narra la historia de una víctima de gatillo fácil en un futuro distópico, no sin aventuras formales. De hecho, es el primer largometraje argentino en usar steady-cam y al Hospital Garrahan, todavía no inaugurado, como escenario.

Charly se banco el rodaje con profesionalismo. “Se sentía incómodo por los tiempos de las filmaciones -recuerda Mosquera-. Era muy tedioso para él y se ponía muy ansioso. La verdad es que fue complicado. Existe mucho material de making off que lo registra”.

Rosario Bléfari también formó parte del reparto, en el papel de una espectral enfermera. La futura voz de Suárez lo recuerda como “una experiencia alocada”. “Lo más alucinante fue filmar en el hospital. Corríamos por los pasillos”, dice Bléfari, que tenía solo 21 años: “Tiempo después me encontré con Charly y recordábamos. Él tenía una visión muy clara y completa por estar más cerca del director”. Esa perspectiva le permitió a García cumplir un rol crucial en la película sin seguir muchas indicaciones o diálogos específicos.

La mayor parte del rodaje se realizó en el invierno de 1987, mientras García armaba su nueva banda. Para inicios de agosto, cuando emprendieron una gira por el interior, casi toda la película estaba filmada. El montaje final se haría con eso porque, en la noche del 8 de agosto, Charly fue preso en Mendoza por mostrar los genitales y hacer un escándalo en los camarines. Apenas salió, anunció que se iba a Brasil sin pasaje de vuelta. Ya en Río de Janeiro, Charly propuso a Mosquera que viajara con las cintas e hicieran la banda de sonido. Avanzaban a prueba y error: García proponía tonos y rumbos que se continuaban o desechaban según la opinión del cineasta. “Cuando pescaba algo que me gustaba, me pedía que me fuera y a las tres horas tenía armadas distintas versiones”, ilustra Mosquera. “íbamos escena por escena”, recuerda Mario Breuer, que estaba al mando de la consola. “Poníamos una, grabábamos y mezclábamos, siempre en sincro con el VHS”.

Las sesiones en el estudio Synth Som e Imagem de la Av. Dulcídio Cardoso 52, en Barra de Tijuca, se iniciaban temprano y tenían al teclado Roland Juno-60 como teclado estrella. Charly se encargó de todos los instrumentos a excepción de la batería, que tocó Fernando Samalea, y un bajo, que grabó André Gomes, músico residente del club Jazzmania con su trío Cheiro de Vida. La banda también acompañaba al dúo Kleiton & Kledir, que a través de Ivone de Vigilles, tendió el puente entre García y Gomes, quien dejaría la marca de su famoso slap en el track Persecución en la autopista.

Desde Brasil, Gomes recuerda “el buen humor” de García durante la sesión: “era inspirador, mantenía la energía del estudio en alto astral”. Según Gomes, García, él y el baterista de Cheiro de Vida, Alexandre Fonseca, grabaron el tema en vivo bajo la dirección de Charly, mientras corría ante ellos la escena donde el enfermero persigue al represor (Juan Leyrado). “Lo que más me cautivó de él fueron sus ansias de explorar la improvisación”, revela Gomes, que fue impactado por la presencia escénica de García en un show de octubre de ese año en Morro da Urca: “Quedé impresionado por los cambios de guitarra, que eran lanzadas al plomo desde diez metros de distancia, era fascinante”.
“Charly compuso y tocó con los ojos puestos en la pantalla”, reafirma Breuer que atesora aquello como un puñado de días felices, en los que García “estaba bárbaro” a pesar de las broncas mendocinas: “Brasil le queda como un guante; aparte todavía estaba con Zoca, que era un cable a tierra fuertísimo”.

El disco se editó en marzo de 1988, con once tracks que entraban en el sistema de melodías y guiños del ex Sui Generis, y anticipaban gemas de Cómo conseguir chicas. “Fueron sesiones muy creativas”, asegura Breuer: “era Charly fluyendo y fluyendo”. García incluso se hizo cargo de los gastos en SADAIC, ya que el presupuesto del film estaba agotado. “Tuvo un gesto maravilloso con nosotros”, asegura Mosquera.
Charly tocó algunos pasajes de Lo que vendrá en el Gran Rex, en noviembre de 1987. Allí le contó a la audiencia de qué iba la película, un recurso que repitió en Uruguay, que alumbraba a la democracia después de 12 años. “¿No enjuician a nadie?”, le dijo Charly al público, como recupera Di Pietro en su libro. “Nosotros por lo menos... a uno, dos... Los adoro, espero que... [silba] no se coman una porque total es lo mismo”

Por Luciano Lahiteau

Fuente: Revista Ñ

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