Casa tomada. Intereses de deuda.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
 ...
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
(Julio Cortazar: Casa Tomada, 1946; fragmentos)




Los países construyen soberanía política en base a su independencia para tomar decisiones. Los Estados son más libres cuanto más capacidad de acción tienen para implementar polítas, redistribuir recursos, promover la producción y la sustentabilidad.

A medida que sube la deuda, los intereses se comen el presupuesto, y el gasto está cada vez menos destinado a consumo y producción (demanda), eso achica la economía, y hace que se recaude menos, por lo tanto cada día debe atenderse un nuevo ajuste.

Macri dice que viene a hacer lo que le conviene al país, pero desde que llegó, el gasto en ciencia y técnica (clave para el desarrollo) pasó de 0,61% del PBI a 0,53% (2016), mientras que intereses de deuda pasaron de menos de 8 pesos cada 100 dólares de presupuesto a 14 cada 100.

Lamentablemente, estamos hablando de lo que sabíamos que íbamos a terminar hablando.

Sin embargo, con voluntad política este modelo se puede cambiar. Con un cambio en la lógica que nos gobierna podemos retomar, al principio con muchos problemas, el camino siempre esquivo del desarrollo. Cobrando más impuestos a quienes tienen más renta y orientando esos recursos a quienes tienen más necesidades, así arranca de nuevo un país (regulando a los que buscan hacer ganancias a costa de la estabilidad argentina, por ejemplo, los capitales golondrinas). Concomitante con lo cual se debe buscar que la producción vinculada a la investigación, la tecnología, el desarrollo y a las exportaciones sea protagonista, pero mientras no arranque, este debate estará postergado.

Hérnan Herrera

Hache