Boleto

"En Córdoba sale 15 pesos", comenta indignado alguien. "Los porteños siguen pagando poco".
En CABA y GBA, la gente humilde se gasta entre 15 y 20 mangos en llegar a su laburo. Los que tienen dos laburos, más todavía. Porque hay empleadas domésticas, personal de maestranza, obreros de la construcción, que tratan de redondear un ingreso digno en más de un lugar.
A precios de hoy.
Con las nuevas tarifas de febrero, se haría peor. La implementación del multimodal mitigará ese efecto.
Los cuadros tarifarios con los cuales se hacen las comparaciones que indignan a federalistas desenfocados suelen constar de boletos mínimos. Que por la irrisoria cantidad de cuadras que cubren en relación a las vastas distancias que organizan territorialmente la vida socioeconómica de las grandes urbes, son testimoniales. Se suele pagar siempre más que los irritantes 6 pesos que divulga el noticiero.
Leer o escuchar gente que sigue pidiendo el fin de los subsidios, o que se pague "lo que corresponde" porque en definitiva la diferencia se paga "con nuestros impuestos" muestra claramente el grado de distanciamiento de la realidad que tienen los planteos libertarios anti-fiscalistas con los que se entretienen algunos millonarios (o aspirantes) en la cocina de su casa, tal vez mirando Intratables.
"Sincerar" los precios del transporte (es decir, ponerlos en línea con los costos más los márgenes de rentabilidad que le permiten al empresario vivir lujosamente, movilizarse en vehículos de alta gama e invitar a tomar una copa a las chicas bonitas que le mande Arroyo) obligaría a tomar la drástica decisión de:
- o aumentar sueldos (no digo sincerar, porque cuando se trata de sueldos los "sinceramientos" suelen ser a la baja) para que en este rubro también se pague "lo que corresponde", es decir una suma que sirva para reproducir la fuerza laboral, dotarla de movilidad y disponer el acceso a alimentos, salud, educación y recreación para el grupo familiar.
- o reducir drásticamente las jornadas hábiles, para que los aumentos no impacten en la movilidad laboral de las personas cuyos sueldos no aumenten en la misma sintonía.
Muchos de los precios subsidiados no hacen solamente al objetivo de hacerles más vivible la vida a los pobres, sino que fundamentalmente sostienen el desenvolvimiento normal de toda la vida socioeconómica.
Y ayudan a sostener el normal funcionamiento de las actividades que desembocan invariablemente en la sostenibilidad de la robustez de las tasas de retorno empresarias.
Así que ojo muchachos ricos con lo que piden. No vaya a ser que les termine saliendo mal.
Que tienen una propensión histórica muy fuerte a que las cosas les terminen saliendo mal.

Mariano Grimoldi

Yendo a menos