Artesanos de San Telmo: ¿el macrismo porteño opta por asumir el carácter fascista de su base social?


¿Cuál es la lógica política a la que esta imagen responde?

La policía metropolitana conducida por Larreta ayer a la tarde irrumpe en la tradicional feria de artesanos de San Telmo, un paseo de la ciudad de tradición histórica, al cual concurren turistas tanto como habitantes de Buenos Aires. Es indudable que cuando este régimen de mierda se caiga, estas imágenes quedarán como emblemáticas del grado de oscurantismo y represión del que fue capaz la derecha que algunos interpretaron como moderna y democrática.

Pero cuesta entender la lógica por la que uno de estos desbordes represivos se produce, no contra militantes de izquierda, ni contra gremios u organizaciones sociales en protesta. No es trata de un piquete. Un domingo a la tarde en San Telmo no hay manera de interpretar que los artesanos interfieran el tránsito, que interrumpan el paso de los cualunquistas malhumorados. ¿A qué lógica responde entonces?

Uno podría pensar: es pura ideología, la derecha gorila odia a los artesanos, odia la existencia creativa y la socialidad en los espacios públicos, odia la libertad y la creatividad popular. El régimen está integrado por un grupo de burgueses ignorantes y prepotentes que tienen una formación de brokers, evasores, espías, esperan que sus padres se mueran para disputarse su herencia o incluso para despojarlos de sus bienes antes de que mueran. Es una brutalidad estructural.

Yo creo que el motivo, no contradictorio con el anterior, podría ser más banal: Larreta está bajando en su imagen de gobierno en un ritmo que acompaña al deterioro general del macrismo. Estas imágenes de brutalidad policial fidelizan a las hordas de gorilas que constituyen el núcleo duro de su base social que, a falta de alguna satisfacción positiva, quiere golpes y sangre catártica. Es un poco tortuoso: el facho que vota al macrismo se identifica mitad con el represor y mitad con la víctima (un pequeño burgués asustado tiene al fascismo, es víctima de estas políticas pero necesita ver que el castigo se descarga sobre otros). Larreta quiere consolidar a ese sector de los porteños. 

Pocas horas antes, en el cierre del carnaval de Avenida de Mayo, la murga de Boedo le mojó la oreja cuanto entró al corso lo más campante tocando la marcha peronista. Puede que lo de ayer sea la respuesta. Este desborde destinado a ser mostrado por los canales oficiales y atestiguado por los turistas es un mensaje para asegurarse que a la derecha no habrá ninguna fuerza política que le dispute la barbarie al macrismo.

Pregunta: ¿los porteños pueden asumir esa identidad cultural sin vergüenza?

Oscar Cuervo

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