Amor Elefante y Los Besos: el color oculto


Escribí este texto con el objetivo de publicarlo en otros medios. Finalmente, sale por acá. Amor Elefante y Los Besos llegaron en 2017 a sus cimas discográficas a bordo de canciones emotivas, sutiles y de núcleo pop. Sin embargo, estos dos discos no prevalecieron en las encuestas con Lo Mejor del Año que pasó. Pero aquí están.

TELÚRICO Y GALÁCTICO
Desde el comienzo, Oriente, el nuevo disco de Amor Elefante, advierte lo que va a pasar. Está en la letra de “Disimulando” -“Me vas a ver prendida en llamas hoy”- pero también en la guitarra criolla y los juegos vocales. En el canto cristalino. En la precisión para decir y que sea solo lo justo y lo necesario. El cuarteto -Rocío Bernardiner en voz y guitarras, Rocío Fernández en voz y batería, Inés Copertino en voz y teclados y Andrés Merlo en bajo- giró por varios estudios entre el año pasado y este, con un objetivo indefinido. En 2016 había publicado VIISHNU, un EP de cinco canciones que, en teoría, iba a ser la primera mitad de un disco a completar luego con la otra parte de la naranja. Pero parece que el entusiasmo llevó la cosa más lejos. Tanto que les salió el mejor disco que haya hecho Amor Elefante a la fecha, desde que vio la luz su álbum homónimo hace poco más de un lustro.

Quizá sea el sonido, lozano, más pulido que nunca (ellas responsabilizan a Ezequiel Kronenberg -Rosal, Varias Artistas-, quien se encargó de la mezcla y la posproducción). Quizá que hasta la portada del disco, una colorida ilustración de Daiana Ruiz, transmite una sensación agradable. Pero lo importante son las canciones y la ropa elegida para vestirlas. Eso que insinúa “Disimulando”, algo así como una introducción solo a voz y guitarra, se expande luego en canciones de factura impecable: melodías recordables sin ser obvias -sí, en la música pop es un mérito, chicos-, instrumentación escueta y exacta según la canción lo pida; muchas voces en el sentido más humano y literal del término (relean la formación: cantan todas). Otro mérito debe ser la síntesis, y quizá también tenga que ver con el cambio en los consumos en esta Era de Spotify: son nueve canciones en 27 minutos, un tiempo acorde a la atención del público oyente.

Oriente es bailable y reflexivo, telúrico y galáctico. El éxito del disco seguramente radique en esas paradojas. No parece indecisión, más bien es un gesto provocativo y quizá hasta natural esa convivencia entre el folclore argentino y el pop ultra hi-fi. Así, podemos agrupar las canciones en dos bloques, aunque en algunas se den ambos factores a la vez. “Nadar” o “Estrella de mí” nacen o desembocan en sonidos argentinos pero tienen su pata pop resuelta con confianza, sin forzar. “Nadar” sería algo así como el primer movimiento folclórico en el álbum (es la segunda canción). Aparecen las percusiones y con ellas un aire de chacarera adornado por teclados oníricos; cuando se suma toda la banda se vuelve un pop viajado y trabado, como la letra, que tarda en resolver su historia (“Deja que tus sueños sean como el mar/ Que en la profundidad vos te encontrarás/ Y hallarás libertad”).


“Estrella de mí” funciona al revés. El aura telúrica viene anticipada por la mismísima letra (“Estrella de mi alma ven/ Quiero saber/ La luna se ha ido/ Y te veo bien) aunque se empieza por el pop arrebujado y luego se da tránsito a una ¿baguala? espacial, con juegos vocales efectivos (qué fácil se hace cuando en una banda cantan todos, y bien, y se distinguen las voces entre sí. Además, para la ocasión se suma la voz de Candelaria Zamar). Sorprende cómo, aun en un contexto musical ajeno, esos versos suenan a algo de acá. Una fusión precisa y reveladora y, tal vez, la mejor canción de un disco de excelentes canciones. Desarrollo instrumental y canto de tierra adentro. Para adentro y para afuera a la vez. Pop con cerebro (¡sí, se puede!)

En el lote del baile hay variedad: “No me inspira” debería ser el corte de difusión, es la canción más derechita de todas. Tanto que no tiene estribillo y se resuelve en una sola parte a la que se le adicionan elementos -arreglos de teclados y guitarra- con solos de guitarra como puentes. Ni siquiera la letra cambia, son siempre los mismos seis versos: “No me inspira nada / No me inspira no/ Y canto grave para hacer vibrar mi pecho/ Que se siente vacío/ Que no tiene suspiros/ Que no hace otra cosa más que hablar de vos”.

“Trópico” y “Me fui” continúan ese camino, aunque sean canciones bastante diferentes entre sí. En la primera, el suave-fuerte-suave atribuido a Nirvana es llevado a una canción más bien calma: entrecortada en los versos y, como dice el nombre, tropical en los estribillos. “Me fui” nos sitúa, al menos en el plano imaginario, en las playas del Caribe y con un trago en mano. Ambas canciones comparten, además de cierta cadencia, el honor de haber sido reflotadas para Oriente. Las dos fueron parte de VIISHNU y volvieron aquí: “Me fui” conserva la estructura, pero “Trópico” fue acortada y tuvo sus variaciones: el coro introductorio de la versión original -casi que el tema- quedó ahora como coda. La reestructuración le vino bien a la canción y muestra cuánto hubo de proceso en poco más de un año.

La frutilla del postre es “Qué raro que me siento”, la más honesta revisión que se haya hecho desde el rock a la cumbia argentina. Original de Mala Fama, se vuelve casi una suite psicodélica y coral. Otra vez, hay desarrollo y precisión. Que mantengan el género original le suma -no hay peor cosa que las reversiones ajustadas al intérprete- y es realmente gracioso el “sigo bailando para no llorar/ y escabiando para olvidar” cantado con esta brillantina melodramática. Parece que al mismísimo Hernán Coronel le encantó el resultado. Punto para Amor Elefante y premisa cumplida. A lo Virus: poner el cuerpo y el bocho en acción.




A BORDO DE UNA VOZ, LA VOZ
Si Amor Elefante practica la síntesis, qué decir de Los Besos y sus seis canciones en dieciséis minutos y pico. Alcanza para hilvanar otro disco de esos que debería figurar en todas las listas con Lo Mejor. Porque, aunque sea un EP -nunca sabremos dónde empieza la diferencia entre extended play y long play-, ¿cuántos lanzamientos traen seis canciones como estas? Posiblemente encontremos resultados similares en todas las grabaciones sueltas y “discos” que Paula Trama arroja por ahí, como si fueran diarios de domingo que quedan para siempre en los porches de casas abandonadas... o perlas  que se pierden en el océano internético, mejor. (Pista para despistar: puede encontrarse su música en varios usuarios-direcciones de Bandcamp, más de dos y menos de 10, alguno con discos repetidos pero diferentes portadas. También YouTube acrecienta su colección de canciones, versiones y diversiones).

Lo sabemos: Los Besos es una banda, y una de esas exquisitas, adictivas. Pero no por nada fueron primero Paula Trama y Los Besos y, ya con grabaciones a cuestas, solo Paula y Los Besos. En la transición a grupo que, ellxs mismos dicen, tuvo que ver con la forma en que empezaron a recomponer lo que llevaba Trama a los ensayos, persistía el nombre de la cantante y guitarrista. Y es que Los Besos -hoy sí, solo Los Besos- tiene en Trama a su figura descollante. La estrella más brillante de una constelación de músicos que lo tiene muy claro: en esa voz está el norte. Federico Fragalá (teclados), Sebastián Rey (bajo), Victor Rallis (trompeta y coros), Ariel Chisleanschi (batería) y Pablo Berardi (teclados; en el disco solo participa de “Offline”, pero ya es parte estable en los magníficos shows de la banda) están a disposición de, quizá, la más inspirada intérprete que tenga el pop-rock argentino -elija su catre favorito- a la fecha.

El canto de Paula se conecta a fondo con sus textos breves, románticos y picantes. No deja de sorprender cómo lleva la estructura de las estrofas, versos cortos, a veces una sola palabra, a la acción vocal: en ese detalle está su triunfo. “Dos cassettes”, la primera y oscura canción, funciona como muestra. Los vocablos se deslizan de forma tal que no se sabe dónde empieza y dónde termina cada verso. Su registro, además, le permite a Trama ir de interpretaciones más bien secas -como la del tema citado- a otras donde se desenvuelve, como en la magnífica “Offline”, una oda a la desilusión y la ruptura (para peor ¡ruptura virtual!, de esas que indica un cartelito en una pantalla). En “Helados verdes” también se da esa magia donde la viva voz redimensiona la letra. El juego entre bolsillo-vos-y-yo, la pausa milimétrica cada dos o tres sílabas. Una canción imperdible que encuentra en esta, su tercera versión, la definitiva.


“Pasito espectacular” quizá sea el pico interpretativo, o al menos el momento en que Trama y la banda -solvente y minimalista, pero bicha en los destellos- muestran todas sus facetas: la solemnidad soprano del comienzo, otra vez desolador (alcanza con cuatro palabras: “No era exactamente como pensaba/s”), la narración entrecantada, el tarareo inquieto (hasta pareciera que Paula se burla un poco de todos nosotros). Todo se disuelve apenas pasados los 120 segundos, donde Los Besos pasa de ser una orquestina jazzy a convertirse, de golpe, en un usina de pop derecho viejo. Hay otra estrella que pela su voz: es la trompeta de Rallis -cantaría el dúo Gattas-Sergi- y sus pinceladas impresionistas. Entre ella y los teclados se reparten los colchones de levedad donde flota el resto y, principalmente, la voz.

“Turmalina” es el cierre sombrío de un álbum que hace equilibrio entre el pesar y la alegría. El tema podría ponerse en la mesita de luz al lado de “Sangre fría” (Flopa Lestani, 2007) y acompaña en las teclas -porque las casualidades no existen- Inés Copertino, también coequiper de Paula en Susi Pireli. Litto Nebbia cantó alguna vez a Señora Vida y Señora Muerte. Aquí se despide a Señora Fantasía, mientras la protagonista se hace una pregunta tan poética como inesperada: “¿a quién le croarán los sapos en su estanque?”. Si escuchan este disco, no es de extrañar que intenten capturar algo de ese canto raro, anfibio y precioso.




*Oh, sorpresa. Aunque este texto fue escrito mucho antes del anuncio, vale recordar que el viernes 23 ambas bandas estarán tocando juntas en Xirgú Espacio Untref. Haciendo clic aquí, toda la data. Vayan.

[Foto de Amor Elefante por Denise Giovanelli. Foto de Los Besos por Catalina Bartolomé]

Santiago Segura

La música es del aire