Entrevistar a Víctor Hugo parece imposible. Sus horarios son acotadísimos. Y cuando finalmente se logra acceder a él, surge una cola de periodistas que aguarda desde todavía más temprano para lograr la odisea de charlar aunque sea 20 minutos. Por momentos, la sensación es la de estar procurando una nota con una estrella internacional tipo Bono o Madonna. Pero no, es Víctor Hugo Morales. El hombre capaz de liderar una cruzada a favor de la Ley de Medios como de participar de una película con Diego Capusotto o, incluso, de aparecer en la portada de una revista con un mate de marihuana en la mano y sonriendo.
“Escuchame, ¿por qué no probás con Kirchner? Seguramente te va a resultar más fácil”, bromea con ganas cuando, tras varios llamados infructuosos, el encuentro corre peligro. Y aunque la entrevista finalmente se concreta, la chanza no es casual. No por nada, en el último tiempo, Víctor Hugo trascendió ampliamente el título de “mejor relator de la historia” para transformarse en una especie de faro de la opinión pública, al punto de que hoy buena parte de la sociedad aguarda a escuchar su opinión para recién después tomar partido por un lado o por otro.
“Yo disfruto mucho el aprecio de la gente, pero no lo vivo buscando. Si lo hubiera buscado no sería quien soy, alguien que toda su vida confrontó con el poder”, dice el columnista de Tiempo Argentino cuando se lo consulta a propósito de este momento especial que vive. Y que a partir del domingo 29 tendrá un nuevo aliciente con el estreno de Bajada de línea, un programa de análisis político que irá todos los domingos, a las 21, por Canal 9.
–Sos un hombre de radio que tuvo varios programas en la tele, aunque nunca uno político. ¿Cumpliste un anhelo?
–No, no tenía ese anhelo (sonríe). No era un proyecto de mi vida, fue más bien una de esas casualidades que se dan en la profesión. Me reuní con Gastón Portal para un programa que se va a llamar El gran libro que va a ir el año que viene, y palabra va palabra viene, de pronto nos vimos enfrascados en este proyecto en el que yo mismo me voy a editar, entre otras cosas (ver recuadro).
–Bajada de línea aparece en un momento especial de tu relación con la gente, ¿coincidís?
–Sí, estoy sintiéndome apreciado por la gente que a mí me gusta que me aprecie y rechazado por la gente que nunca me interesó que me apreciase.
–Entre quienes te rechazaron o se enojaron, ¿sufriste alguna desilusión?
–Ninguna, los entiendo. Lamentablemente la intolerancia nos habita. Yo tambien he tenido muchísimos pecados e incoherencias en mis sentimientos, aunque no en mis ideas. Después, bueno, ha habido de todo. Acá incluso en la radio (Continental) hay un arco muy variado que va desde personas que sufren por discrepar conmigo hasta imbéciles que han confrontado estúpidamente por que sí. Considero que la diferencia entre ellos y yo es el odio. Hay quienes sólo se manejan por el odio, y yo no lo tengo. Cualquiera bien intencionado que me escucha sabe que lo positivo y lo negativo de este gobierno. Si eso me convierte en oficialista, me muero de risa.
–Por otro lado, mostraste un costado divertido saliendo en una revista con un mate de marihuana y participaste de una película junto a Capusotto, ¿qué recepción tuviste?
–Divina. Yo soy una persona muy solemne, muy pacata, eso es evidente. Y romper con ese molde fue muy divertido. Vinieron tres pibes divinos de THC y me propusieron esta nota, ¿cómo les voy a decir que no? Lo mismo Capusotto, que es un tipo que no veo nunca por tiempo y hábitos, pero que sé que es un referente de una manera de pensar que está en línea conmigo.
–Bromeabas con que es más fácil concertar una entrevista con Kirchner que con vos. ¿Cómo es un día en la vida de Víctor Hugo?
–Complicado, pero ojo: tengo mis descansos. Si yo te digo que hoy dormí una siesta no me crees, ¿no? Y si te agrego que también tuve tiempo de almorzar con una muy querida amiga, que hice mis programas y que ahora de no ser por otra cena me iría a ver a Barenboim, ¿tampoco no? Pero así es cada día de mi vida. Siempre encuentro un lugar para el trabajo, un lugar para mi familia y también para mis hábitos, que son el cine, el teatro y los conciertos. Al punto que no existe día en que no salga.
–En un reportaje agradecías la suerte de tener una familia que te acompañara en todas estas actividades. ¿Cómo es tu relación con tus hijos?
–No me gusta mucho hablar de mi familia, pero te podría decir que tengo un hijo de 25 años que ahora vive en México y que creció viniendo con nosotros a la ópera y al cine. Después está mi hija de 13 años que el sábado pasado me acompañó a ver a Virginia Tola para después ir corriendo a ver el cuarto y quinto acto de Manon en el Colón, y por último ir a cenar. Pobrecita, la tuve corriendo todo el día. Yo hago cualquier cosa para que mis hijos vean un hecho cultural importante. Les puedo llegar a decir ¿querés venir a la ópera y faltar al colegio? Te lo acepto, porque me parece más importante.
–¿Y ellos te invitan a eventos que te terminan gustando?
–Sí, muchas veces. Mi hijo, por ejemplo, me llevó a ver Aerosmith. ¡Y me encantó! Puedo disfrutar de todo, por suerte. Me gusta Barenboim y me gusta Aerosmith. Me gusta Martha Argerich y me gusta Miguel Cantilo. Es una cosa que le agradezco mucho a Dios. Esa proclividad a que lo popular y lo clásico puedan convivir con naturalidad.
–¿Pudiste ver los trabajos de tu hija Paula en la tele?
–No, porque no miro televisión. Mi vida y mis hábitos están hechos de otros tiempos y nunca estoy en casa a esa hora. A lo sumo hago un zapping cuando vuelvo. Recuerdo que cuando hacía Bailando por un Sueño (en el 2007) a veces mi mujer me lo grababa y la veía. Me parecía fantástico. Siempre es sorprendente lo que hacen tus hijos. Es una chica extraordinariamente capaz y solvente. Estoy muy orgulloso de ella. Pero de las novelas (Niní, Malparida, entre otras) no pude ver nada.
–Hace poco te preguntaron si te daba miedo haber llegado tan lejos en tu defensa de la Ley de Medios y dijiste que no. ¿Qué cosas te dan miedo entonces?
–Lo que se refiere a los hijos nomás. Y después, bueno, miedo a cometer un gran error en mi vida, a que un día me traicionen, a atropellar a alguien. Yo soy un tipo que manejo aburrido, pero alguna vez por algún motivo he andado más rápido y después pienso: si me pasa algo, ¿cómo explico que yo en realidad soy un tipo tranquilo? Esas cosas me dan miedo.
Fuente: elargentino.com