Por ejemplo, de la preocupación de la justicia suiza (sede institucionalizada de las mafias de guante blanco) por los movimientos de capitales que realiza un dirigente sindical de un país marginal. Porque el lavado de dinero es un flagelo que hay que combatir aún cuando haya que caer sobre peces gordos (dicen los jueces en lo penal económico de Suiza, y nadie se ríe porque los Tribunales están acondicionados en materia de seguridad para que no haya tales manifestaciones que perturben la seguridad jurídica).
Últimamente, hemos sido testigos de debates sin mucha trascendencia, que pusieron un poco más en claro el tema de la inflación (modestamente, desde acá hace mucho que insistimos sobre estas conclusiones que parecen haber sido recién descubiertas). Punto más, punto menos, que en el período largo 2003-2010 los salarios le ganaron a la inflación, cosa que hoy es reconocida por economistas que están en las antípodas del elogio al kirchnerismo.
A través de este debate se ha hecho larga profusión de datos estadísticos que no vamos a reproducir por fiaca, que dan cuenta de que el salario en Argentina es superior, en cualquiera de los estamentos, al de cualquier otro país de Latinoamérica, incluidos aquellos cuya productividad es mayor (Brasil, Chile).
Ese alto nivel salarial relativo es un indicador importante respecto de la mentada competitividad. Excluida la variante de la devaluación brusca como opción para licuar salarios, aumentar márgenes de rentabilidad y mejorar la competitividad en Argentina, les queda, a los lobbystas de las corporaciones representativas del capital concentrado, buscar la recuperación de competitividad en la apropiación de estos excedentes que hoy usufructúan trabajadores registrados, tal como lo demuestra cualquier análisis cualitativo que se haga respecto del comportamiento del consumo en el mercado interno.
En otras palabras, el establishment (UIA, AEA, CAC, Bolsa de Comercio, ABA, ADEBA, Mesa de Enlace) ha resuelto que el "problema" de la Argentina es el alto nivel salarial, que hace perder competitividad por la vía de los costos. Hablan, haciendo gala de discreción, de que el problema es la inflación. Pero, como sabemos, el salario es un precio. Que (hemos descubierto) viene aumentando más que el promedio de los otros precios.
"Hay que reducir la inflación", sostienen. O (deducimos) lo que es equivalente: hay que recortar el salario real.
Ese es su diagnóstico.
Y en esa carrera saben que tendrán que sacar del medio los escollos, aquellos que no se conformarán ciertamente con la pastillita de la reducción de la inflación (si esta reducción se hace a costa de sacarle poder adquisitivo al salario). Moyano es el emblema del escollo que la "Argentina encuentra para alcanzar su desarrollo" (que no es lo mismo que crecimiento, y para el cual es necesario que haya más inversiones, pero es imposible sin seguridad jurídica; ¿cómo va cerrando todo, no?).
Lamento que en el interior del kirchnerismo muchos estén embarcados en esta "patriada". Creo, por lo demás, que ingenuos hay pocos.
Algunos sueñan desde hace bastante con convertirse en esa "izquierda racional" que despierta elogios discretos entre los gerentes de las multinacionales.