"Cómo no va a hacer goles, si todos los pases se los doy a él, ja.” Esa fue la frase final que desató la ira de Martín Palermo. Quien la emitió fue el volante Juan Román Riquelme en el entretiempo del encuentro en el que Boca, con tranquilidad, venció a Arsenal por 4 a 0, el lunes 12 pasado. Sólo la intervención de un integrante del cuerpo técnico del entrenador interino Roberto Pompei impidió que la mala relación entre los dos futbolistas terminara a las trompadas. “Me cansaste, sos de cuarta”, remató a los gritos el delantero, ante la mirada atónita del plantel y con un par de colaboradores que lo detuvieron para que no se arrojara al cuerpo del 10. Ese capítulo fue el último eslabón de una cadena de encuentros y desencuentros que los dos hombres más importantes del primer equipo mantuvieron durante los últimos años. La imagen televisiva y las fotos de distintos diarios mostraron que tras el tanto que marcara el 9 (le significó el récord de 220 goles en el club) buscó a su compañero de equipo para saludarlo y Román se alejó, lo que reflejó de manera fiel esta historia. Es cierto que nunca fueron amigos, aunque por momentos lograron convivir dentro de un mundo de estrellas. No sólo eso. Riquelme, ese mismo día, también estuvo a punto de agarrarse con el juvenil Pablo Mouche, aunque esa fue una cuestión desvinculada al mundo de la pelota. Este tipo de situación, con frecuentes choques de egos, no sólo se da en Boca, ya que también suele suceder en la selección nacional o en River, sitios donde las luces de las marquesinas suelen ser más influyentes que el desempeño futbolístico.
La pésima relación entre Riquelme y Palermo data de la época en que el técnico era Carlos Bianchi. El delantero siempre fue amigo de Guillermo Barros Schelotto y casi no tenía diálogo con el puntero Marcelo “Chelo” Delgado, íntimo de Román. Ya en aquella época el Mellizo se había insultado un par de veces con Riquelme. Argumentaba que nunca le daba un pase correcto para que convirtiera un gol y sí habilitaba al Chelo para que anotara. Palermo respaldó las palabras de Schelotto. Es más, el volante de creación, en la intimidad, sostenía que sus dos enemigos “tenían muy buena relación con Macri”, a quien él detestaba, y aún hoy mantiene ese sentimiento hacia el actual jefe de gobierno porteño. “Siempre le hicieron campaña a favor”, suele quejarse el 10 para mostrar el feeling entre el ingeniero, Martín y Guillermo. Lo que sucedió en la Bombonera (festejar separados) no fue más que volcar en el césped la distancia entre ambos. “Sólo nos une la camiseta de Boca”, sostuvo el Titán hace unos días. Eso es por el momento. Está claro que los dirigentes deberán tomar alguna determinación. La convivencia entre los dos, puertas adentro de un vestuario, ya es casi imposible de sostener, aunque para que el presidente Jorge Amor Ameal tome una determinación deberá pensarla con tranquilidad debido a que los dos son profesionales queridos por toda la barra de Boca. Y sacarse a uno de encima puede ocasionar un costo político bastante alto. Sobre todo en momentos en que el club atraviesa una situación futbolística compleja, e inestable en lo económico.
El Chelo Delgado, ex delantero xeneize, dijo que “no me extraña lo de Palermo. Él y Barros Schelotto echaron al Chino Benítez cuando era técnico de Boca”. Habló, respaldó a Riquelme y dejó en evidencia que las internas en el plantel son una cuestión antigua.