Existen millones de personas que tienen algún grato recuerdo de Néstor -los míos son infinitos-. Acaso este sea momento de que cada uno de nosotros traiga al presente un aspecto revelador de su personalidad, para que con cada piedrita armemos el mosaico de su noble figura. Que aportemos una vela para que todas juntas evoquen la intensidad de su llama.
Y es que con Néstor, todo era intenso.
Lo recuerdo ahora saludándome. Y como era frecuente en él me saludó con un abrazo afectuoso, me palmeó la espalda o tal vez manoteó mi cabeza y mirándome a los ojos me dijo: -tengo una buena noticia especialmente para vos. Y se sonrió.
Se sonrió con esa sonrisa que todos conocemos, que las cámaras capturaron y la memoria no suelta.
Sabía que con esa “primicia” no revelada iba a conseguir que me comiera las uñas hasta los codos, así que le dije: ¿qué noticia?
A lo que me contestó: "ya te vas a enterar", se sonrió y se fue, pero no sin darse vuelta para sonreírse nuevamente mientras se iba otra vez sin decirme de qué se trataba.
Esa es la despedida que guardo para mí y la nostalgia se convierte en alegría.
A los pocos días supe de qué se trataba la revolucionaria noticia: la derogación del sistema de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión o A.F.J.P.
Era una buena noticia para mí, pero básicamente era una buena noticia para la Argentina y ese era el motivo de su alegría.
Néstor supo concentrarse en lo esencial y por eso despreció lo superfluo lo que le valió el desprecio de los superfluos. Néstor consiguió la mayor quita de deuda de la historia Argentina liberándola del pesado yugo que implica la dependencia económica, pero usaba mocasines, dirán los críticos -oráculos fallidos- cuyos nombres no serán recordados por nuestros hijos.
Constituyó una Corte Suprema independiente sin importarle el costo porque venía asqueado de los Cortesanos adictos; pero juguetea con el bastón presidencial.
¿Acaso será esa irreverencia hacia algunas formas -del poder- la que hacía que sus mocasines no despegaran del piso? ¿La que permitía que cualquier argentino se pudiera identificar con su modo de gobernar?
El Néstor que conocí era un Compañero, un amigo, un hincha de fútbol, un chinchudo, un alegre, tenaz y obsesivo trabajador de sus convicciones. Néstor supo militar con alegría y devolverle la alegría al militante.
Y Ahora sé que no dejará sus convicciones en las puertas del Cielo.
Solo me queda agregar, como decía el poeta, que:
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
(telam)