Se trata de un nuevo ciclo del Programa Lectura Mundi -pensado para reforzar el vínculo academia-sociedad y por lo tanto gratuito y abierto a la comunidad en general- que cuenta entre sus invitados a la escritora Griselda Gambaro; el filósofo Gastón Burucúa; el chileno Arturo Fontaine; el español Manuel Rivas; y el italiano Bruno Arpaia.
La construcción de las verdades históricas y los textos de ficción que les dan forma o terminan fundiéndose con los "hechos reales", son el eje del encuentro que se realiza en el campus Miguelete de la UNSAM, ubicado en avenida 25 de Mayo y Francia.
La definición de lo temporal fue el punto de partida: "el tiempo que concebimos como pasado, presente y futuro es lo que da forma a nuestra historia, algo que ocurre dentro de nuestra concepción y que para el cosmos apenas existe", describió el escritor responsable del ciclo, Alberto Manguel.
De hecho la historia podría empezar con la escritura, disparó, con documentos no escritos -biológicos, geológicos, astronómicos- y hasta con la narración oral, "incluso la ficción podría tener validez como documento histórico", lanzó ante un nutrido y ecléctico público.
"La lectura es como un laberinto que promueve el perderse para encontrarse con otras disciplinas, experiencias, lenguajes y miradas", dijo por su parte Carlos Ruta, rector de la UNSAM, al presentar el seminario.
Y "ese intercambio de disciplinas es, de alguna manera, uno de los dilemas de la historiografía, aquel que responde a la relación entre relatos históricos y ficcionales", resumió.
Esta problemática ya había sido planteada por Jorge Luis Borges en "Pierre Menard, autor del Quijote", un ensayo publicado por la revista Sur en 1939 donde encarnaba a un escritor ficticio que quería volver a trazar la historia de Cervantes, y que en aquel entonces fue interpretado como verdadero por muchos lectores.
De ahí viene el nombre de la cátedra que dirige Manguel en la UNSAM con el mismo objetivo de evidenciar lo que tan bien reflejó Borges en su obra, la confusión ente literatura y realidad; y que dio origen a este seminario y otros que se distribuirán a lo largo de lo que queda del ciclo lectivo 2011.
"Frente a una realidad cualquiera, donde hay huellas y gestos, nosotros elegimos elementos para nombrarla y construimos una narración. ¿Puede entonces la historia no ser arbitraria?", preguntó Manguel, autor de "El diccionario de lugares imaginarios" y "Nuevo elogio de la locura" entre otros libros.
Burucúa, el primer invitado del ciclo, tomó la posta: "La historia está obligada a esforzarse para no ser arbitraria. Se construye de varios relatos y cada generación la reescribe con sus puntos de vista, pero el fin del proceso retórico es alcanzar un conocimiento veraz del azar”.
"Por eso, lo que en una época es considerado dato histórico puede no serlo en la siguiente -explicó-; si un alumno me consulta por bibliografía para comprender mejor la vida de la antigua Grecia, no dudaría en recomendarle `La Ilíada` de Homero, después verá si le sirve como fuente”.
Para Manguel, ocurre lo mismo con la literatura: "sería difícil pensarla igual que varios siglos atrás, por eso un escritor debe decidir qué datos usar antes de escribir para tener la complicidad del lector y basar la narración en hechos que le den un sentido de certidumbre".
Una aseveración compartida por el chileno Fontaine. Autor de la novela "La vida doble", donde narra los avatares de una militante chilena que durante el régimen pinochetista traiciona a su entorno para sobrevivir.
Fontaine consideró que, para ser fiel a la realidad, "la ficción supone una transformación de esa realidad"; de hecho escribió la novela que más tarde editó Tusquets a partir de una serie de entrevistas con una mujer que le narró su experiencia como militante, y que él prefirió mantener en el anonimato.
En este sentido Gambaro -autora de "Ganarse la muerte", la novela censurada por Jorge Rafael Videla donde reflejaba en un plano íntimo la violencia de la última dictadura militar argentina- eligió un registro personal de esa época para ejemplificar la misma idea.
"Recuerdo que en aquel momento oía a Isabel Perón por la radio hablando del compañerismo peronista, la solidaridad, la lealtad y seguridad, pero en la sociedad de ese momento pasaba precisamente lo contrario y yo pensaba: `nada ni nadie es lo que parece ser`.
En el libro publicado tras la recuperación de la democracia, uno de los personajes decía con ironía, "si la violencia está siempre en algún lado, es mejor que esté de nuestra parte. Mi forma de ver y sentir el mundo en esa época quedó bastante registrada en la obra", concluyó Gambaro.
Los interesados en consultar cómo continúa el seminario que de 16.30 a 18.30 realiza la UNSAM, pueden ingresar a la página de Internet www.lecturamundi.blogspot.com
(telam)