Quienes acreditamos unos cuantos añitos sobre las espaldas (y el resto de cuerpo...) recordamos algo de aquellos viejos Carnavales de nuestra niñez y primera juventud. Para quienes son mas de estos tiempos, rememoro que uno de los fastos principales de las carnestolendas (no se ría amigo, que los cursis periodistas los solían mencionar así) eran los bailes 'de disfraz y fantasía', que se realizaban en los mas distintos estamentos sociales.

Una de las reglas no escritas, pero estrictamente respetadas, era que en la última noche, (o sea la del Martes, ya comenzando el Miercoles de Ceniza) en medio de la última pieza musical, el Director paraba la musica y se ordenaba 'Sacarse el antifaz' (o careta, o lo que fuera que esas noches había ocultado el rostro de cada uno) y entonces se podía conocer con quien se habían tejido fugaces romances en esos días. El Maestro ordenaba a la orquesta 'Da Capo', la pieza musical arrancaba de nuevo, y las parejas, seguían bailando, en esa última oportunidad. Si de allí en adelante la cosa seguía era cuestión pura y exclusiva de cada pareja.

En un curioso 'revival' estos Carnavales vivimos una situación política que me recordó aquellos tiempos. Y el Miercoles de Ceniza, se sacaron las caretas y antifaces, y pudimos ver cuales eran los verdaderos rostros de los bailarines, con quienes durante bastante tiempo compartimos la pista de baile...

Y ahora como antes, hubo desilusiones y decepciones. Bienvenidas sean. El camino de la verdad liberadora, lamentablemente pasa por desilusiones. Ver marchar algunos con quienes compartimos muchas marchas, junto a Jueces y fiscales que fueran notorios cómplices de represores como vimos en Mar del Plata, solamente es el fin del carnaval. Cayeron caretas y antifaces. Ya sabemos quienes son (y que fueron durante estos últimos 30 años). Como dice el tango 'Siga el corso' de Aietta y García Jimenez: a, y me quedo con este comentario final del enlace mencionado, al que metafóricamente apelamos para graficar los sucedidos del 18F de 2015. Casualmente, Miercoles de Ceniza....

Así, en el desfile interminable de situaciones ambiguas que supone el corso que de alguna manera es la vida, se suceden personajes como la dama de organdí; la Colombina que exhibe en sus ojos las huellas del fuego pasional que arde en su corazón; la Marquesa que por un momento desciende al nivel del pueblo y muestra, un tanto obscena, riendo a carcajadas, unos labios con un carmín tan fuerte que tan sólo puede provenir del rostro de un payaso. Mañana volverá al boato, al protocolo, y una vez más será inaccesible para “los mortales”, hasta las próximas carnestolendas. Me hace recordar a la canción de Serrat: “vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se viste de fiesta... Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por un momento se olvidó, que cada uno es cada cual” 

Y el solitario, que en medio del descontrol, cree descubrir entre el gentío, al amor de su vida, que una vez más se perderá, inexorablemente, entre la multitud... Cuando por fin pasen los festejos, la historia volverá a repetirse, y cada vez el amor pasará, con distintos disfraces, frente a sus ojos ansiosos... Nada es lo que parece ser... el Carnaval no es sino una versión exagerada y rumbosa de la Vida... Es por esto que en el final del estribillo, el protagonista ruega: 

no finjas más la voz, abajo el antifaz,
sus ojos por el corso van buscando mi ansiedad...
descúbrete, por fin; tu risa me hace mal...
¡detrás de tus desvíos todo el año es Carnaval!