Enunciarla se parece mucho a un acto de magia, que de golpe haría funcionar nuestros corazones al unísono, como si el soplo inicial que le da cuerpo permitiera componer un horizonte diáfano hacia el cual dejarnos conducir flotando en la marea de la actual coyuntura política.
Apoyamos la consigna, es nuestra, es el sueño que hace revivir a Néstor, es la brújula a partir de la cuál apoyar a Cristina, pero a los efectos de llevarla a cabo, de darle un contenido concreto, lejos de representar una respuesta, nos llena de interrogantes. Constituye un horizonte que aún no está trazado, lejos de ser una solución que se expande espontáneamente en el viento, debemos tenerla como la meta compleja y problemática a la que debemos dedicarles nuestros mayores esfuerzos colectivos para hacer realidad un bosque de flores con raíces fuertes, que luchen contra vientos desperdigadores.
Néstor la pronunció en la inauguración del Centro de formación política del PJ, denominado Gestar. No fue en cualquier lugar, sino precisamente en el ámbito en el confluyen juventud y formación. Las flores están naciendo en los surcos trazados desde el 2003 por el gobierno de Néstor y luego de Cristina. Pero ya sabemos que salvo las silvestres -y a veces esto ni siquiera ocurre en el ámbito de la denominada naturaleza- las flores no crecen ni se desarrollan espontáneamente.
Menos aún podemos dejar esta consigna librada al azar cuando se trata del ámbito de la política. Dejar esta consigna flotar de manera espontánea, cubre de niebla el horizonte hacia dónde tenemos que dirigirnos. Quienes queremos ser parte de esas flores y del florecimiento de otras miles, no podemos eludir la pregunta acerca de lo que metafóricamente significa “el florecimiento de mil flores”, y menos aún las acciones que debemos realizar para ayudar a romper los pimpollos. Una pregunta nos lleva inevitablemente a la otra.
La consigna nos tiene que hacer pensar en la formación de militantes y cuadros políticos que permitan sostener y avanzar sobre el camino trazado por Néstor. En las formas organizativas para generar y expandir esa formación. Militantes que nos dotemos de la capacidad para analizar, comprender y actuar sobre cada uno de los problemas que acarrea este proyecto político. Militantes que podamos defender todo espacio ganado al enemigo. Militantes concientes tanto de los proceso macrosociales en los que la acción colectiva del grupo al que pertenece se sitúa, como en la labor política que implica sostener y consolidar internamente dicho grupo de pertenencia, con la articulación de ambas dimensiones.
La clase dominante, nuestros enemigos, permanentemente generan ámbitos institucionales de formación de cuadros donde se expande a través de bajadas de líneas, la moral que conduce sus acciones. Desde universidades y cátedras de universidades públicas y privadas, consultoras económicas y políticas, redacciones de los diarios, foros y cámaras de corporaciones, clubes y barrios de élites etc. Así han legitimado sus saberes como los verdaderos, porque provienen de las universidades y han logrado expandir su lectura de la realidad mediante operaciones de prensa, construyendo de esa forma y cada instante una visión del mundo extendida y naturalizada, de acuerdo a sus intereses.
Nosotros en tanto flores debemos tener la capacidad de desnaturalizar esas prácticas y sus símbolos asociados. Revertir con organización y formación lo que nos tratan de imponer. Sólo otras prácticas colectivas, críticas, conscientes, reflexionadas, insuflarán nuestra moral para poder luchar contra toda la maquinaria puesta al servicio de los dominantes. No podemos montar universidades, pero podemos estudiar, e investigar los problemas que nos aquejan. No tendremos medios de comunicación masivos, pero buscaremos vías alternativas que permitan comunicar y comunicarnos, no tenemos conocimientos de lo que sucede en otros territorios sociales ajenos al nuestro, pero seguro encontraremos allí “otras flores” que nos contaran sus experiencias, con las que articularemos recíprocamente. Esta lista era para citar sólo algunos ejemplos posibles. Arduo y convocante desafío político por delante: ¡Florezcamos colectivamente para que florezcan mil flores!