Hace cuarenta años en Inglaterra el cantante de Sex Pistols lucía una remera con la leyenda I Hate Pink Floyd, y hoy un habitante de la remota Argentina alterna entre remeras de uno y otro sin complejos.  El tiempo pasó también para Johnny Rotten, que terminó admitiendo que le encanta El Lado Oscuro de la Luna, y el porteño de las remeras colgadas tampoco asimiló de entrada el Punk Rock, no te creas.  Es que por el mismo motivo que un Punk odiaba a los monstruos sinfónicos el público de estos detestaba la música simple y tosca de Pistols y Clashes.  De eso se trataba el Rock y su público cuando la música era mas que ruidos por un parlante, y la monada veía a Dios en la tapa de Tales From Topographic Oceans.  En Buenos Aires peleabas contra la mediocridad y el Punk parecía mediocre, y no daba.  Pero es actitud, no solo música, The Lamb de Genesis fué Punk antes de los Pistols y The Wall mas Punk en 1979, mientras The Clash hacía discos triples... ¿Pretencioso yo?  Muchachos buscando su identidad, nada menos.  Hoy que la música tiene de todo menos identidad se dice que los pibes no tienen prejuicios y escuchan todo tipo de música, pero lo hacen por el motivo equivocado, porque les da lo mismo:  La música dejó de ser identidad, rebeldía y pasión.  La última rebeldía fue la de Pistols/Clash/Ramones.  Y también Ian Dury, The Jam y Blondie.  No busques remeras de bandas del '80 en adelante.  Hay, pero a un rockero de raza le quedan chicas.  Y destiñen en dos lavados.