Hoy contamos con libros, partituras, profesores, discos, videos, que aunque en su mayoría no se encuentren (andate hoy mismo a las disquerías a ver cuántos discos y videos de Falú encontrás), pero hubo un tiempo donde no había nada y no eran muchos los que sabían qué es y cómo se toca una zamba o una chacarera. Hubo una época donde había que inventar una forma de tocar y de instrumentar una serie de ritmos que venían de la tierra y el paisaje. Eduardo Falú es uno de esos inventores, junto a Atahualpa Yupanqui; Ariel Ramírez; Manuel Gómez Carrillo y Adolfo Abalos, por citar a los más conocidos, integraron la comisión que edificó las primeras columnas de hormigón de nuestra música popular del interior.

Había que transcribir al instrumento una serie de sonidos y cantos anónimos; había que dar un formato, una duración, un comienzo y un final a una zamba, un gato, un escondido o una baguala. Había que leer las danzas para entender, por ejemplo, la diferencia entre una chacarera simple y una trunca.

Somos tan jóvenes como nación que muchos hemos llegado a ser contemporáneos de estos pioneros y a veces no nos damos cuenta, por eso siempre hay que reclamar que el estado le dedique especialmente un espacio a estas figuras, que las rescate, que las filme, que las eternice. Ayer murió Falú. Ayer. Significa que hasta no hace mucho se lo pudo entrevistar. Murió Piazzolla, pero están ahí el flaco López Ruíz, su hijo Daniel, y el resto de los músicos que pueden reconstruir como nadie su vida. Y murieron los viejos Carabajal pero están todos sus hijos. Adolfo Abalos murió no hace mucho y están algunos de sus hermanos y sus hijos...

No puede ser que estos creadores se nos vayan en silencio sin que el estado se haya encargado de sacarles el jugo, de exprimirlos hasta la última gota, porque son portadores de una savia que es irreemplazable si de construir una identidad se trata. Ese Falú al que todos vemos ligado al conservadurismo salteño, ese Yupanqui criollo de pura cepa y comunista, ese Piazzolla tan zurdo en la música pero tan derechoso y antiperonista en su civilidad expresan la sumas de las contradicciones de la patria, de lo que somos. No nos podemos dar el lujo de sólo escuchar sus obras. Debimos cuidarlos más. Debemos hacerlo con los que quedan, que son varios (Salgán, Federico, etc). Lo mismo que con los grandes maestros del jazz como el memorable Walter Malosetti,que se nos fue también en estos días.

A ver che cuando nos desendeudamos con muestra cultura que estos viejos que se nos mueren sólo nos piden reconocimiento y un ¡Gracias! masivo y popular. Es imperdonable que los rescates de estas figuras sean emprendimientos personales o de grupos aislados. Ahí andan unos pibes peleando para hacer un documental sobre el Chango Farías Gómez con 9 mil pesos que les dio el año pasado el Fondo Nacional de las Artes. Si, 9 lucas. En 2012...

Se están haciendo cosas: En estos días, sin ir más lejos, se le dará mucha cobertura a la Fiesta de la abuela de los Carabajal, y se la transmitirá por la Televisión Pública, pero falta más, muchísimo mas.

Después nos conmovemos con los viejos del Buena Vista Social Club ¿Sabés la saga de películas que podría filmar Wim Wenders si se diera una vuelta por Argentina?