Al día siguiente del dictamen en comisiones favorable al proyecto, Solanas dijo que sus diputados habían sido “entrampados”. La expresión no parece tener muchos significados posibles: por lo menos para el diputado-cineasta, el papel presentado tenía como destino ejercer un testimonio a favor de la capacidad reguladora del Estado y salir elegantemente del conflicto dejando al proyecto oficialista en minoría. No es muy común que el dirigente de una fuerza política se muestre consternado por la aprobación mayoritaria de una iniciativa propia; si otros hubieran sido los protagonistas, Pino habría dicho, seguramente, que es un “escándalo”. Pero el objetivo de desmarcarse del título de Clarín del día anterior (“El día que Pino quedó pegado al Gobierno”) resultó prioritario. Hay mucho espacio mediático en juego para la próxima campaña electoral.
Picardía más, picardía menos, el episodio es ilustrativo del choque de dos concepciones dentro de las fuerzas llamadas de centroizquierda. Mientras la coalición Nuevo Encuentro, encabezada por Martín Sabbatella, procura ocupar un lugar de independencia política sin dejar de comprometerse con las iniciativas oficiales que convergen con la orientación de la fuerza, Proyecto Sur, liderado por Solanas, ha adoptado una postura de oposición global al Gobierno. En el fondo de la discusión está el juicio sobre el kirchnerismo: mientras unos piensan que es una fuerza contradictoria que ha aportado a construir una importante agenda de transformaciones, los otros la ubican en la continuidad del neoliberalismo y atribuyen a su discurso progresista el lugar de un simulacro político.
Lo interesante es que no se trata de un debate académico ni de una discusión programática en el contexto de una campaña electoral, sino que el campo de disputa es la política concreta y el escenario principal es el Congreso. El terreno, además, no es esencialmente fluido ni flexible; por el contrario, su contexto es una creciente polarización de posiciones a favor y en contra del gobierno.
A primera vista, la polarización es particularmente problemática para el sabatelismo, que está obligado a desarrollar una fuerza política propia y, al mismo tiempo, aparece emblocado con el oficialismo en los temas de más alta sensibilidad social. La presión de los medios concentrados es enorme; las principales figuras de este espacio solamente aparecen en los comentarios políticos como una referencia subsidiaria del kirchnerismo, cuando no directamente como “cómplices” del Gobierno, según la cuidada y moderada prosa hoy de moda en algunas redacciones. La compleja tarea de Nuevo Encuentro consiste en la captación de sectores que expresan entusiasmo con medidas como la ley de medios o la asignación universal sin sentirse políticamente contenidos en el heterogéneo mundo del kirchnerismo.
El espacio que lidera Solanas es habitualmente muy bien tratado en los grandes medios. Ha recibido cálidos elogios de figuras emblemáticas del conservadorismo argentino, como Mariano Grondona y su militancia duramente opositora le despeja el acceso a micrófonos y pantallas habitualmente obturadas para el universo de la izquierda. En principio parece no tener problemas de identidad, puesto que casi no tiene vasos comunicantes con ningún aspecto y ningún sector del oficialismo. Sin embargo, el espacio reconoce sus propias dificultades. Desde que en la sesión de la Cámara de Diputados que discutió la conformación de las comisiones parlamentarias fue incluido en la recordada clasificación ordenadora de Patricia Bullrich como parte del grupo A, el solanismo viene teniendo crecientes dificultades para desmarcarse de un arco opositor cuya cercanía lesiona la credibilidad de una fuerza que se reclama progresista.
El estilo expresivo e histriónico de Pino le abre un camino de diálogo mediático eficaz con la sociedad, lo que en la política de estos días es un apreciable capital. Al mismo tiempo da la impresión de que con frecuencia sobreactúa esa ventaja y se sitúa en un espacio prepolítico como el que supo ocupar durante muchos años Elisa Carrió. Puede plantearse el interrogante sobre la relación costo-beneficio de la estrategia adoptada por Solanas. En principio parece que puede ser muy rendidora en términos de atracción a un sector de votantes enfrentado con el establishment político, entendido por tal todo lo que gira en torno a las grandes estructuras del peronismo y del radicalismo; algo también similar a la cosecha de Carrió en el último período. El lado débil de la apuesta es la creciente personalización de la propuesta política, su exposición a la volatilidad congénita del voto de las clases medias de las grandes ciudades y las dificultades para dotar de una identidad consistente a la fuerza política.
Como se sabe, la cercanía de las elecciones no calma sino que tensa la lucha política. Hay quien dice que en las democracias contemporáneas todo el tiempo se está en campaña electoral. Desde esta perspectiva, las fuerzas que procuran expresar la constelación de la centroizquierda tendrán que afrontar exámenes exigentes. La cuestión de la ley regulatoria de la producción de papel será una de ellas y las fuerzas de Solanas están ante una dura disyuntiva. ¿Cómo harán para salir de la “trampa” en la que, dice su jefe, han caído? No se ven muchos caminos laterales. Si sostienen su propio proyecto es muy probable que éste se convierta en ley; la consecuencia sería una fuerte presencia política asociada a un objetivo democrático y desmonopolizador y, al mismo tiempo, un paso difícil de revertir hacia la condición de bestias negras para los socios mayoritarios de la empresa en cuestión, es decir los principales medios de comunicación. Sería un viraje importante. Si adoptan una posición contraria a su propia iniciativa, sostendrán el respaldo mediático, pero ya no estará en juego solamente su credibilidad como fuerza progresista sino el piso básico de coherencia y seriedad política.
No será seguramente la última circunstancia dilemática para la centroizquierda en estos meses. Y en cada una de ellas no estará solamente en cuestión el desempeño electoral en 2011 sino la capacidad de estos jóvenes reagrupamientos para adquirir consistencia y proyección hacia el futuro.
(Debate)