El alma de esas voluntades, desde que lo encontró, siguió a ese hombre, sintió que seguir a ese hombre era seguir los destinos de la Patria, y los siguió a los dos, al del hombre y al de la Patria.
El hombre al que seguían esas miles de voluntades era Juan Domingo Perón, el alma de esas voluntades era Eva Duarte, era el nacimiento de Evita, y fue simplemente eso, la unión de miles de voluntades con un hombre y un alma.
Desde ese momento, los enemigos de esa Patria intentaron, matar, callar y olvidar a ese hombre. Fue muy duro, la muerte estuvo presente en muchas oportunidades, y pego muy fuerte cuando se llevo al alma de ese hombre y de ese pueblo. Sin embargo, hoy, después de sesenta y cinco años, suenan voces, todavía que cantan el famoso… “¡Yo te daré, te daré…..…un cosa… Peroooo! Y decía Leopoldo Marechal, que ese Peroooon , sonaba como un cañonazo.
No pudo el olvido, ni con el hombre ni con el alma, los dos están presentes, el hombre dijo: “Nosotros nos organizamos, adoctrinando, porque a la doctrina y a la organización no la vence el tiempo”.
El alma pedía constantemente “cuiden a Perón” y así fue, hasta el final, cuando ya viejo, el cuerpo del hombre, dijo basta.
Pero el hombre y el alma del pueblo saben, que ya nunca, dejarán de ser el conductor de una doctrina, y la guía espiritual de una Patria. ¡Y si! Eso fueron en vida Perón y Evita, y mucho más fueron de muertos.
El Viejo y Evita, firmes en el alma del pueblo peronista, hoy, sesenta y cinco años después.
La oposición, los denostó, los prohibió, los humillo, quisieron borrarlos de la faz de la tierra, sobre todo a Evita, que muerta, tenía más poder que viva.
Pero ella sabía, lo supo siempre, sabía que sus humildes la rescatarían del olvido, cuidarían a su hombre y la llevarían a ella en el alma.