En 1979, Patricia Perea escribió una dura crítica y Charly García le respondió con una canción. Fue una cruz toda su vida. 

Hace 37 años, el 16 de noviembre de 1979, cuando la dictadura cívico-militar todavía rugía con fuerza y sus voceros aseguraban que los argentinos éramos derechos y humanos, un irreverente y provocador Charly García se presentaba en el Club Municipal de barrio Alta Córdoba.

Patricia Perea, una joven cordobesa que había cubierto el recital para la revista Expreso Imaginario, criticó con dureza el show de Serú Girán –la mítica banda de García en esa época- en Córdoba: “Un espectáculo decadente”, dominado por un clima “histérico y bufonesco”, había escrito la cronista. Perea no podía imaginarse que se convertiría en Peperina, una figura mítica del rock nacional y que esa “cruz” la acompañaría toda su vida. Murió ayer, a los 56 años.

Hace pocos años, en una entrevista al diario cordobés La Voz del Interior, la ex corresponsal de Expreso Imaginario había ratificado sus críticas: “A toda la prensa nos molestó su actitud. Vi a Serú en Capital. Charly dio un show tranquilo, sin bardo, tocó afinado. Acá venía a chicanearnos, tenía esa cosa petulante. Se sacó la camisa por la bragueta y la movía como si fuera un pene. Fue el antecedente de cuando se bajó los pantalones”.

Cuatro años después de ese concierto, cuando la primavera democrática comenzaba, a mediados de diciembre de 1983, Charly García presentaba Clics Modernos ante un Luna Park repleto y se vengó de esta cordobesa. “Voy a tocar un tema de una chica que le gustaba ir a habitaciones de moteles, a ver si le daban algo. Y cuando no le daban, se enojaba. Decía ‘ay estos chicos, qué mal que tocan’. Ahora vienen hasta periodistas hombres... ¡lo que es el destape, viejo!”, y arrancó con los acordes de Peperina.
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