Mientras en la academia se discute sobre si la importancia creciente de los medios de comunicación en Occidente, genera influencia o manipulación en la sociedad; los grandes medios en nuestro país, tocados en su víscera más sensible, han reaccionado enviando todo tipo de munición gruesa contra el Gobierno. Ha tomado la delantera en este accionar el grupo Clarín que, a través de su diario, su canal de aire y su cable, hace una extraordinaria campaña para desacreditar la nueva Ley de Medios.
Los multimedios no pueden dar cuenta de su propia responsabilidad sobre el proceso de concentración que fue favorecido en dos momentos de la historia contemporánea argentina: la dictadura y los ´90. Han adoptado la férrea defensa de sus intereses recubiertos sobre la libertad de expresión y el derecho a la propiedad privada.
Ahora bien, la única forma de neutralizar (no anular) la influencia de los medios es contar con estructuras políticas sólidas con anclaje social (no las superestructuras que pululan alrededor del kirchnerismo). Partidos y movimientos sociales representativos, logran morigerar la extraordinaria influencia que tienen los medios masivos. Si esas estructuras no están o están debilitadas, la influencia de la comunicación en el ciudadano de a pié es mucho mayor.