La sanción de la Ley antiterrorista levantó cierta polémica. Las posiciones adversas recorrieron una amplia gama de expositores políticos opositores , intelectuales oficialistas, juristas de nota y grúneres.
El más mejor fue el pensador, sociólogo, crítico de cine, etc. Eduardo Gruner que señaló estas sí que notables consideraciones y tremendas advertencias en Pájaro Rojo:
Nos van a tener que explicar, muy despacio y con mucha claridad, pero ahora, e imperiosamente, cómo es que esto era necesario ahora. Cómo es que era necesario, con la fuerza del 54 % de los votos, someterse sin discusión al mandato de ese Imperio siniestro que –los que votaron a altas horas de la noche, casi en la clandestinidad, rapidito para no "hacer olas", no ignoran esto; al contrario, lo han denunciado muchas veces, y eso hace más insoportable lo que hacen ahora– ese Imperio siniestro, decíamos, usó y sigue usando la palabra "terrorismo" para justificar verdaderos genocidios como los cometidos en Afganistán o en Irak, y antes en Vietnam, en Nicaragua, en Chile, en la Argentina.
Nos lo van a tener que explicar muy cuidadosamente a todos los ciudadanos argentinos, pero muy particularmente, en este caso, a los que en su momento, equivocados o no (y ahora, lamentablemente, sabemos que sí), salimos a defenderlos contra la soberbia "destituyente" del "campo", y sin ahorrarnos nuestras críticas ni identificarnos irreflexivamente con un gobierno al que no habíamos votado, del cual sabíamos desde siempre cuáles eran sus límites y sus posibilidades, sin embargo privilegiamos la necesidad de posicionarnos contra lo que considerábamos "lo peor".
Pero, sobre todo, se lo van a tener que explicar muy claramente a los que desde el principio confiaron , y trabajaron arduamente para llevarlos al poder, para transformarlos en sus representantes. A todos esos jóvenes honestos de la "nueva militancia" con los que se llenan la boca. A los obreros, los piqueteros, los miembros de los movimientos barriales, los pobres, los "tercerizados", que a veces pusieron el cuerpo por ellos , y que si ahora cortan una calle podrán ser considerados "terroristas". Y no sabemos si no correrán algún riesgo los miles que fueron espontáneamente al velorio de Néstor o a los festejos del Bicentenario, cortando muchas calles. Y no es que el terrorismo no exista, no somos ingenuos: es algo de lo que siempre estuvimos enfáticamente en contra, porque considerábamos que ninguna vanguardia iluminada que ejerciera la violencia indiscriminada, con el riesgo tantas veces realizado de masacrar inocentes, iba a "liberar" a ningún "pueblo". Que esa era una tarea del propio pueblo, de las masas trabajadoras organizadas y en conjunto. Que "sólo el pueblo salvará al pueblo" (una antigua consigna peronista ¿la recuerdan?). Todo esto lo sabíamos. Pero ya no lo sabemos más. Porque ya no sabemos qué quiere decir "terrorista". Esos votos nos han quitado hasta el lenguaje. Y, como advertía Freud: se empieza por ceder en las palabras, y se termina entregando todo. Nos lo van a tener que explicar.
Como contrapunto, hoy leemos la posición del diputado nacional Jorge Rivas sobre la ley antiterrorista en Página 12.
Muchas fueron las voces que se hicieron oír en contra de esta iniciativa. Y si algunas de ellas expresaron opiniones muy respetables, y sus críticas resultaron muy serias y atendibles, la mayoría fue formulada por impresentables opositores, que empecinadamente cirujean por el escenario político tratando de encontrar una hendija para tratar de erosionar al Gobierno con mentiras. En ese marco he leído opiniones que, además de ofender a la inteligencia, demuestran simplemente la falta de lectura del texto de la ley.
Los disparates van desde que con está ley se pretende criminalizar y reprimir la protesta social, pasando por disciplinar a la prensa, hasta llegar a decir que es una herramienta legal para perseguir a los que tengan un pensamiento distinto del oficial. Las últimas elecciones demostraron, entre otras cosas, la suerte que corren en democracia las críticas desmesuradas, las imputaciones falsas y los brulotes mediáticos, pero evidentemente algunos no entendieron nada, e insisten, convencidos de que por ese camino les va a creer alguien. Por mi parte estoy seguro de que la ley es mejorable, como también lo estoy de que el de la infamia no es el mejor camino para corregirla
En fin, que alguno se ha extraviado ...