Las dudas y críticas sobre como fue y sigue siendo el comportamiento de quienes suelen apropiarse de la libertad de prensa, giran entorno a la forma en que se cubre la noticia y todo lo que trae aparejado – aquí debemos incluir: Desde la influencia que tiene la forma usada para cubrir la noticia en el desenlace del caso hasta el comportamiento que transforma al medio y sus periodistas en parte de la noticia, pasando por el show macabro de especulaciones construido y reproducido sistemáticamente-.
Ahora bien, es sabido que cuando decimos medios masivos, hablamos de empresas y/o multimedios que por su misma lógica de defensa de intereses propios y búsqueda de ganancias en términos mercantiles, no responden ni pueden responder a la lógica judicial de búsqueda de la verdad y resolución de un caso.
A partir de esta distinción, cabe destacar que la incompatibilidad de ambas lógicas suele darse a menudo y éste caso no viene siendo la excepción.
Y no viene siendo la excepción justamente porque al consenso mediático no le importa la búsqueda judicial, responde a su expectativa por obtener y/o resguardar su poder político y económico.
Desde su forma de actuar, es que decidió conveniente instalar el caso con la repetición constante y sonante de la noticia en extensos lapsos de tiempo, y también efectuó los pasos siguientes hacia la configuración de ese show cínico y macabro sobre la situación sin el menor pudor ni respeto.
Pudor ni respeto que desde luego tampoco tuvieron a la hora de considerar si su proceder pudiera interferir en el accionar judicial y en la resolución del caso.
Eso si, para mostrar su sobreactuada sensibilidad siempre está a la orden del día, pues ello también le trae rédito.
Comprendiendo que esa misma lógica es la que lo empuja a intentar ningunear el debate público que una vez mas lo tiene sobre el tapete - pues no le conviene ni al consenso mediático ni a ninguno de sus medios satélites hacerse cargo de lo que son y representan porque eso sería aceptar salir de su lugar de pretendida inmunidad social-, tampoco debe esperarse de ellos otra forma de actuar en tanto y en cuanto la sociedad no imponga las condiciones para que ello ocurra.
Como bien sabemos, siempre antepondrán sus intereses a cualquier cosa, y ello precisamente es la clave para ratificar que los límites no saldrán de autorregulación alguna mientras las condiciones, el escenario en el que se mueven, permanezcan tal cual son.