Uno de estos cambios significativos se producirá en la Comisión de Energía. Como precio al bochorno electoral sufrido por su fuerza política, Pino Solanas deberá dejar la presidencia de la comisión, que será seguramente recuperada para el bloque del Frente para la Victoria.
Lo curioso (o no tanto) del caso es que Solanas, al frente de la Comisión, no consiguió la aprobación de ningún dictamen de todos los que consideraba absolutamente necesarios para el futuro de la Nación y de sus recursos estratégicos. Tampoco logró que Cameron, el secretario del área, fuera convocado a la Comisión a discutir sobre sus decisiones en materia energética.
Y todo esto debido a que sus pares del Grupo A (a partir de conformar el cual obtuvo los votos necesarios para ser elegido presidente de la comisión) no le hicieron la segunda ni siquiera para conseguir el quórum necesario para sesionar, salvo en una excepcional ocasión.
Así es. El aguerrido luchador de la izquierda nacional vio sucumbir su ímpetu ante la falta de pericia parlamentaria, y la comisión estatégica que le tocó presidir sesionó una sola vez en todo el período.
Una pena que estas cuestiones burocrático administrativas hayan frustrado finalmente que se llevaran a la práctica los excelentes proyectos que el excepcional legislador (y realmente excepcional) se encargó sin embargo de diseminar con encendida retórica por los programas de televisión en que sí logró desempeñar su rol con eficacia.