Hacer la primera tapa de Rolling Stone con Charly fue una tarea insalubre, pero el resultado vistió una portada histórica que desde el comienzo pareció predestinada

Yo lo que hice fue inventar el concepto de estrella de rock acá en Argentina. Antes no existía. ¿Qué hacen las estrellas de rock? Música, tiran televisores, rompen hoteles... ¿Qué mejor que trabajar y vivir de eso? Ahora hay muchos que se creen estrellas de rock, pero yo soy una superestrella de rock”, decía Charly García en un reportaje para un canal extranjero a mediados de los 90. No mucho tiempo después, en invierno de 1997, un grupo de periodistas, fotógrafos y diseñadores gráficos preparaban el lanzamiento de Rolling Stone Argentina en la fría redacción de Ediciones De La Urraca, en la calle Venezuela al 800. Ahí donde había nacido la revista Humor, se estaba gestando la edición local de una institución del periodismo gráfico mundial, y sobrevolaba la pregunta obligada: ¿Quién va a estar en la tapa debut? Charly, como la superestrella de rock que sabía que era, no hubiera dudado. Y del puñado de candidatos posibles, él sería el destino final... después de algunas vueltas.

“La intención era tener una figura de un calibre indiscutido en el rock nacional”, recuerda Víctor Ghitta, entonces Director Editorial de RS. “Estábamos entre Charly García y Luis Alberto Spinetta. Y finalmente tomé la decisión: la tapa iba a ser Spinetta”.

Ghitta y el Director de Arte Fabián Di Matteo recién habían vuelto de reuniones en la casa matriz de Rolling Stone, en Nueva York. “Les habíamos llevado re orgullosos el número cero y cuando vieron la tapa básicamente nos dijeron: ‘No, no. Hagan todo lo contrario’”, cuenta Di Matteo, que trabajó en la revista por 15 años. Esa primera versión no destinada al público sino a establecer internamente los primeros parámetros de la publicación, tenía en portada a Fito Páez en penumbras, sosteniendo un habano y con su rostro alumbrado por una vela. Pero en Estados Unidos, la Rolling Stone de aquellos años era de energía furiosa, sexy y de alto impacto. Fito, al menos en esa portada, no cumplía con la expectativa. “Además nos dijeron como sorprendidos: ‘Ese tipo es muy feo’” cuenta Ghitta. Con Spinetta no se podía repetir el error. Con la decisión tomada, se le acercó la propuesta a su manager histórico, Alberto Ohanian. “Luis aceptó enseguida, y lo entendió como lo que era: un honor”, explica Ghitta.

Pero todo se desmoronó cuando se comenzó a considerar la idea de una tapa que incluyera varios artistas, como Los Fabulosos Cadillacs, que en julio de ese año habían editado Los Fabulosos Calavera e iban camino a ganarse el Grammy a mejor disco latino.“Cuando le hablé de esta posibilidad a Ohanian, inmediatamente rechazó la propuesta y bajó a Luis de la tapa, supongo que sin siquiera consultarle”. El malentendido complicó el vínculo de RS con El Flaco, que no cedió una nota hasta la edición 40, en la que aparece retratado como “El Gordo” Spinetta. Así decantó la inevitable tapa de Charly, la primera de sus cuatro portadas en la edición local.
Continuar leyendo... »