Uno de los costados más complejos de la política en nuestro país es que todos aquellos militantes de clase media que acceden a algún tipo de nombramiento comienzan a quemar años en la función pública y cuando quieren acordar ya no están en condiciones de volver a la actividad privada. Conozco a varios profesionales que nunca ejercieron su profesión por haberse dedicado a la política y eso entraña varios riesgos. Se llega a un punto en que alguien que ya pasó los treinta años lleva más de 10 trabajando en la función pública y le cuesta horrores pensar en reinsertarse en la profersión y/o actividad privada por fuera del Estado. Siempre lo ejemplifico con esos capítulos de Animal Planet donde muestran cómo, ponele, luego de rescatar a un cachorro de leopardo malherido tienen que hacer un gran esfuerzo para reinsertarlo en su hábitat y lograr que vuelva a procurarse el alimento por las suyas... Así veo el drama de mucha buena militancia que con el paso de los años termina apresada por la función pública como único recurso para vivir.
Es desde acá que dije en el post anterior que valoraba la visión de Néstor Kirchner referida a que para hacer política con algún grado de autonomía hay que tener algún respaldo económico. Esto no significa suponer que si uno quiere hacer política deba primero enriquecerse, por supuesto que hay muchas otras formas viables para desarrollar la actividad política, pero la experiencia me ha enseñado que la función pública entraña algunos de los riesgos que describí más arriba. Eso sí, al mismo tiempo es tan contradictorio todo esto que ese ejército de militancia insertada en el Estado es la que le garantiza por ejemplo al PJ y en menor medida al radicalismo contar con personal fogueado en la gestión. Cuando se busque analizar las razones del fracaso estrepitoso del macrismo en la ciudad hay que mirarlo desde este lugar, desde su absoluta carencia de una burocracia instruída en la gestión. El PJ y la UCR son las únicas fuerzas que por su peso cuentan con centenares de cuadros esparcidos en distintos ámbitos del Estado. Por eso, por ejemplo, una de las cosas que Alfonsín le negoció a Menem en el pacto de Olivos fue el tercer senador por las provincias, para garantizarse básicamente el funcionamiento del aparato partidario con la cantidad de contratos que se obtienen por cada senador.
Todos estos temas, estos debates se me ocurre que hoy los empezamos a dar a partir del testimonio transgresor que nos dejó Néstor Kirchner y creo que el mejor homenaje que se le puede hacer es abordar estos asuntos descarnadamente para encontrar respuestas superadoras.