—¿La ve a Cristina reelecta?
—No, no se va a presentar.
—¿Por qué?
—Porque Cristina es una mujer que viene de una gran tragedia y creo que la debemos entender. Yo trato de ser muy respetuosa, pero más allá de todas las especulaciones, es una gran tragedia en la vida de una persona el perder al compañero de toda una vida.
—Sin Barrionuevo, su esposo, ¿sería complicado para usted?
—¡Dejate de joder! ¡Cómo me vas a preguntar eso! (se ríe) No te la contesto ni loca.
El golpe que le propinó a Carlos Kunkel quedará como un estigma en la vida de Camaño. Dice que nunca buscó trascender mediáticamente y que se arrepiente “como personaje político”. Pero rápidamente cambia la seriedad por una sonrisa: “Advierto públicamente que la adhesión de las mujeres en la calle es total. Si te digo que de diez personas que me felicitan o me gritan cosas, ocho son mujeres. Es decir, tuvo dos connotaciones: la manera autoritaria con la que se maneja el Gobierno representado a través de este personaje (Kunkel) y también la violencia de género”.
—¿Qué le dijo Barrionuevo?
—Nada. Es que Luis no estaba en Buenos Aires, no pude hacer un análisis con él. Con la primera persona que lo hablé fue con mi hija, que vive en el Sur, y estaba consternada por lo que había visto en TV. De alguna manera, fue la que me obligó a dar explicaciones.
—¿Se ganó algún apodo después de eso?
—Muchos, más que nada en mi familia. Por ejemplo, mi tía me dice Cassius Clay (se ríe).
Camaño asegura que en varias oportunidades viajó como usuario en los aviones Medical Jet, pero aclara que “no tengo ningún vínculo con los Juliá”. Y repudia el narcotráfico: “Me parece reprobable lo que hicieron, creo que la droga es un espanto y todo lo que propulse el negocio del narcotráfico debe ser cortado de cuajo”.
—¿Usted conocía a los Juliá?
—Sí, los conozco, los he visto y he viajado y tratado con el piloto (Matías Miret) del avión que tenían en esa época y que ahora compró Lázaro Báez. Hace dos o tres años que no viajamos con ellos.
—¿Cómo tomó la noticia?
—Hubo una operación para tratar de vincular a Barrionuevo y a mí por el solo hecho de viajar en el avión, para ocultar la verdad. Nadie le entrega una tonelada de drogas a alguien que no conoce o no tiene una negociación previa. Esto se tiene que aclarar, si no será otro caso “Southern Winds”, que pasan y quedan en el aire.
(perfil)