El sábado pasado, el multiespacio del Abasto cobijó a 14 bandas del sello platense, entre ellas a algunas de las más interesantes exponentes de la escena porteña y platense. A ellas, se sumó una banda de Perú.

Por Colectivo de Agencia NaN
Fotografías de Natalia Motorizada
Buenos Aires, octubre 29 (Agencia NaN-2013).- Sábado 26 de octubre. Desde las 16 hasta la medianoche, la Ciudad Cultural Konex respiró y latió al ritmo de la tercera edición del FestiLaptra, un evento autogestionado, al margen del canon festivalero de las grandes marcas. El line up incluyó desde El Mató a un Policía Motorizado, pasando por Bestia Bebé y Las Ligas Menores, a los peruanos Los Zapping en una jornada divida en dos escenarios que alternaron en una sincronización perfecta. A continuación, la cobertura  de un show para atesorar. Abróchense los cinturones.***“Hola, somos Los Zapping, y hablamos raro porque somos peruanos”, se presentó Diego Cendra. Dos temas  atrás  —“Las Canciones”, “2+2+2+2+2” (Teoría de la televisión y la radio, 2011)—, poco menos de seis minutos para esta banda punk-rock, el FestiLaptra había quedado inaugurado. Habían pasado minutos de las 16 y Los Zapping no sólo abrían la extensa grilla de bandas sino que inauguraban el internacionalismo Laptra, ya que habían llegado el miércoles exclusivamente para el festival desde Lima, Perú. Invitados por sus amigos —palabra repetida entre las bandas del sello— de El Mató a un policía motorizado, a quienes telonearon en agosto en los escenarios limeños. El bajo, que rota entre los dedos de Fernando Casanova y Lucas Stiglich, se mantiene al frente al inicio y continúa marcando el paso en la más alternativa “Russia” (Russia, 2013).  Entonces, se nota el paso de Ramones, The Clash y Attaque 77 a Pavement (que Cendra evidencia en su remera) o Pixies, influencias de los jóvenes peruanos que en 2007, con menos de 20 años, fueron elegidos entre las promesas incas.  Un video de los Zapping recorriendo Londres hace el puente cultural que ellos materializan con sus letras mixturadas entre el castellano y el inglés. Así, pasan “Intro”, “She Said”, “Petar Popara”, cuando entre las letras anglosajonas y el martilleo de la batería del otro Cendra (Alberto), dejan en claro un “¡Dios está muerto, yo lo maté!”. Antes de arrancar con “Archie”, avisan que un disco exclusivo hecho para la gira argentina con sus propias manos – el “hazlo tú mismo”, presente— puede conseguirse en el patio del Konex: toda la impronta punk en menos de 30 minutos. Quedan dos temas más: “Paseo Marítimo” —incluido en un demo inédito grabado en agosto— y el cierre con “Las Maletas” (Wows, 2007).***Febo todavía pegaba fuerte cuando Antolín Olgiattisubió al escenario exterior del Konex para tocar algo de su repertorio.  Entre tanta guitarra al palo y batería  furiosa, el músico, poeta y dibujante generó un ambiente distinto, una fogata en medio del Abasto. El salteño inició su número en voz y en guitarra junto a Maite Amador en teclados. Esa formación interpretó, entre otros temas, “Diarios del futuro” y “Prince of Persia”; canciones que contienen una tríada clave en la impronta literaria del artista: nostalgia, nerdismo y sensibilidad. La tarde tomó otro color cuando subieron a escena Los Excursionistas, la banda que acompaña a Antolín en su último disco, El susurro de las estrellas. Siguieron un puñado de temas en tempos medios, como “Suelten a los perros”, y versiones potentes y aceleradas de Chico triste del desierto y El retador del peligro.***Las melodías de Koyi Kabutto sonaron en el escenario Laptra tras el paso de los enérgicos peruanos. El intérprete, con su guitarra, junto a un puñado de músicos en guitarra, bajo y bata se despachó con una decena de temas en los que primaron las que integran su último y súper reciente disco, Poesía Mexicanas. Las melodías, que reventaron mucho más crudas y potentes que en los trabajos de estudio, fueron abrazadas por imágenes de las ochentosas aventuras de Los Goomies. Hola infancia, alta sonrisa.. ***Cronometrada media hora después, en una sincronización perfecta, Mi pequeña muerte despabiló el aire libre del Konex, sobre El Tigre. El flujo de jóvenes que nutría el complejo cultural del Abasto era sostenido y ya se empezaba a notar pasadas las 17.30, cuando arrancó el cuarteto. Ojos espejados, histrionismo sobre tablas y debajo de ellas: algunos fans siguieron de principio a fin el puñado de temas. “No voy a escribir más canciones de amor para vos”, se despidieron. “Desalineado”, de aquellos pasos en 2004 que resumieron en Hospital, su primer trabajo, fue la última apuesta. Es sol se iba, pero el ambiente tomaba temperatura.***Luego, el estilo particular de Mapa de Bits —ése que mezcla melodías frescas y pop con historias de enfrentamientos bélicos—  irrumpió agradablemente en el FestiLaptra. Pasando de una guitarrera Segunda Guerra Mundial con Africa Korps a la bailable y pop Guerra Fría gracias a los sintetizadores juguetones de Almuerzo en Saigón, el público salto y bailó y ¿por qué no? también aprendió un poco de historia.***
El sol ya no pega fuerte frente al escenario El Tigre, pero Reno sube con sus gafas negras y una remera de los juegos deportivos bonaerenses, “Juguemos todos”, invita. El show de Reno y los castores cósmicos empezó con un “Agradecimiento” —primer corte del último y todavía caliente disco, 1998—, un transe, una invitación para los que iban llegando desde el otro escenario y se acomodaban para media hora de rock, del puro —con una pizca de folk y otra de noise—, una rareza en el mundo Laptra.  La intro continúo con “Campos largos” (Como un pasaje, 2006) y Reno González ya prendido a su pandereta, libre para apuntarla hacia el micrófono como una flecha, para agitarla a ella y a la gente: “¿Va bien?”… pregunta retórica que anticipó el primer pogo de la tarde con “Estaré” (Las navajas de afeitar, 2008).  “¡Grande, Reno!”, llega desde los que quedaron agitados, entre ellos, Pablo Kemper de las Ligas Menores, Franco Jaubet de Hojas Secas y Juan Strassburger, periodista cabeza, pulenta y fan de Reno.  González levantó el dedo pulgar y siguió con “Angela” y “En la carretera”, tema para el que invitó al “cantautor” Renzo Sinisi a sumarse a las guitarras de Juan Urruspuru y Pablo Borges, la batería de Panda Ojeda y el bajo de Viole df. Micrófono en diagonal hacia abajo que roza con la boca de un cuello estirado, las gafas negras firmes, un sorbo de agua y otro de cerveza entre temas, Reno sigue con “Las abejas cuentan hasta cuatro” y “Caballo loco”, el agite también sigue. Alguien quedó en cuero con la remera de Bestia Bebé —que salieron como pan caliente en la feria de discos y revistas— y apretada, hecha puño, la cabeza va y viene al otro lado de la valla.  “¿Va bien? ¿Va gustando, no?”, provoca Gonzáles y aunque los organizadores lo apuran se desquita con los últimos dos temas: “Otra vez” y “La Blancura”. Lo que arranca con pogo, termina con uno más grande.***El vértigo del evento nos mete otra vez bajo techo para la intro minimalista del tema Vuelven las pandillas. Sí, suenan Los Japón. Se escucha La Playa, el primer y único LP de la banda, grabado en 2007, pero editado, una vez el grupo se había disuelto y vuelto a formar, en el año 2012 por el sello del tigre. Canciones melodiosas, llenas de coros y guitarras que se cruzan, en composiciones que renuncian a romper los decibelímetros, pero, sin embargo, apuntan con firmeza a un sonido brilloso y ameno de guitarras.***Mientras muchos aún regresaban del escenario Laptra, Las Ligas Menores salieron a escena a las 19.30, puntualísimo, como el resto de las bandas de la gran familia del tigre platense. Desde el escenario, Las Ligas vieron cómo sus fanáticos (algunos con dientes de leche) se movieron, se movieron y se movieron con efusividad al ritmo de sus ya clásicos (pese a su cortísima historia) “Accidente”, “El baile de Elvis”, “De la mano” y el himno generacional “Crecer”, todos pertenecientes a El disco suplente. Así, las tablas comenzaron a levantar temperatura y se vivieron los primeros momentos de contundencia del FestiLaptra. Claro, algunos de los muchos grandes momentos que fueron llegando con el correr de la noche. El máximo punto de hervor se vivió con los arrolladores Bestia Bebé, a partir de sus canciones directas, golpeadoras y con mucho corazón. Por lo demás, el set de Las Ligas Menores incluyó un tema inédito, “Europa”, y los flamantes singles “Renault Fuego” y “Tema 7”.  El show no sólo conmovió a los cientos seguidores que se acercaron al Konex (ahí en Sarmiento 3131, Abasto), sino que, también, a través FaceTime, fue transmitido por streaming a Barcelona. Y hasta terminó emocionando por allá, del otro lado del Atlántico.***Son las 20. Un referente del indie,  del folk, del rock chabón platense entiende que es de noche y hay que empezar a agitarla. Javi Punga aparece vestido con una campera deportiva,  encapuchado y con una gorrita que sobresale. Sabe que es Punga parece ocultarse. Todos se dieron cuenta quién era cuando comenzó con “Multimillonario”, o en el momento en que conmovió con “Ahora soy vegetariano”, pero mucho más cuando la rompió interpretando ese himno a la calentura que es “Vamos a estallar”. Una lista de temas plagada de lisergia que se plasma en canciones de amor, con guiños a lo cotidiano y en clave rock and roll. El público acompañó las ya clásicas rimas consonantes de “Punga con energía” y él le dio las gracias por “Tanta belleza”.
***Como esos momentos que estallan y dejan esquirlas en el aire, sin dudas hubo un antes y un después en la noche luego de que Bestia Bebé apareciera sobre el escenario. La banda liderada por Tom Quintans demostró una vez más por qué es una de las revelaciones de la escena, con un set de canciones vertiginosas, llenas de energía y melodías gancheras. El primer bloque de temas arrancó con “Estamos bien”; “Sabés” y “Wagen del pueblo”, casi en cadena, como prefacio de lo que vendría. Después de un despegue intenso, llegó el homenaje a Rubén Paz, “El uruguayo”, a pedido de la tribuna. El folklore barrial, futbolero, de potrero, no faltó un minuto: ni arriba ni abajo del escenario. Hubo papelitos, banderas y gritos de aliento. Por momentos, como de costumbre, la banda despertó algo de esa estética rock de los ’90 para combinarla con la búsqueda del indie actual. “Ohhh, vamos Bestia vamosss. Pongan huevos, que ganamos”, arengó la tribuna antes de que aparezca “Omar” para cerrar palo y palo. Casi contrarreloj, contra los tiempos que impuso la veda electoral, sonó “Yo quiero mucho a ese muchacho” y “Patrullas del terror”. Cierre. Aplauso y ovación para el cuarteto que fue uno de los puntos altos del FestiLaptra.***Todavía retumbaban los pasos de la bestia cuando desde el escenario Laptra se oyeron los potentes acordes de los neuquinos de Atrás hay truenos. Un remolino de melodías viajeras, con omnipresentes diálogos de guitarras que erigieron una pared de música hipnótica, épica, eterna. La voz, un ladrillo más en la pared —que sobresale en temas como “Frutas Secas” o “Alejandro el cheto”— aportó oxigeno a una atmósfera saturada de sonidos. Una banda para atender, detenerse, escuchar y dejarse llevar. La explosión de su música tuvo un contraste: se irían saludando tímidamente, como si no pudieran creer del todo en la reacción positiva de la gente.
***Si cualquiera de los asistentes se hubiera preguntado por qué estuvieron esa noche en el Konex, muchos hubieran dicho que por El Mató un Policía Motorizado. Pensándolo en profundidad, todos estaban por El Mató... Es que el fuego que han construido desde su primer álbum, homónimo, hizo que palabras como indie, noise y postpunk ocuparan un espacio importante en el diccionario del rock nacional, y generaran un nuevo público, ávido por escuchar a nuevos artistas experimentar sobre esas piedras fundamentales. Más allá de cualquier análisis en retrospectiva, los platenses aprovecharon su media hora para revalidar en el presente todos los títulos ganados. Con una mayoría de temas pertenecientes a su último disco, La Dinastía Scorpio, la banda hizo saltar a toda la muchachada del lugar. Porque si bien hubo favoritos en la tarde-noche del sábado, esas preferencias quedaron de lado cuando Santiago y compañía subieron al escenario. “Mujeres bellas y fuertes”, “Más o menos bien”, “Chica de oro”, “El fuego que hemos construido “y  un cierre bien poguero con “Mi próximo movimiento”, fueron los puntos más altos del mini-recital.***¿Quién dijo que para dar un show de rock hay que llenar un estadio grande? Son las 22, de vuelta en el escenario Laptra, y Hojas Secas explota como de costumbre porque Lucas Jaubet (voz) se encarga de dejar hasta la última cuerda vocal vibrando sobre el escenario y la energía lo desborda desde el arranque con “13.700 millones de años” (Bailaló, 2011)  y “ap” (Ya no importaba qué dirán en el barrio, 2009), con el último “tum” de la batería (Lautaro Pugliese), Lucas  le pega un sacudón al pie del micrófono contra el piso y el sonidista desde el fondo del galpón, como un Gran Hermano, advierte un “rescatate”.  Jaubet mirá fijo y sigue con “En atardecer”, después de recorrer varios escenarios los temas de Hojas… ya no suenen igual que los de estudio,  ahora más cuidados, con más climas entre armonía y potencia.  “1527 veces explotó el fuego de su corazón”, ruge el hombre que va al frente en Hojas… haciendo equilibrio sobre la barra que une el escenario y la valla, donde los saltos, las risas y los puños al aire acompañan desde el primer acorde.  El equilibrista vuelve al escenario Luciano Canevaro y Santiago Fernández (guitarras) y Franco Jaubet (bajo) están firmes en el escenario y no bajan al clima sale el riff sucio y distorsionado de “La vida que te embrolla”, un himno para los seguidores de Hojas; pinta el mosh, llega el único patova de la jornada al frente del escenario.  Entre el público alguien dice: “¡se gastó todos los cartucho!”, pero llega “Nos pasa lo mismo” y después “Convidé”, otro himno. Lucas, agitado, no dejó de acercarse a la valla y moverse por todo el escenario con el micrófono: “¡El del sonido mañana vota a Michetti!”, lo alientan desde el público. El 40 por ciento de la candidata del PRO llegaría el domingo, pero el sábado a las 22.30, Hojas cerró la fiesta del  garage —o “rock and roll con punk” como recuerdan haber sido catalogados después de un show en La Plata—  con “Vas a ver”, y la guitarra quedó con distorsión un rato más sobre el escenario por si al sonidista le molestaba.   ***Bestia Bebe, Hojas Secas y El Mató… las tres en seguidilla, las tres sin descanso, una hora y media al palo, cansa las piernas, quita las fuerzas y seca la garganta del más fanático seguidor de las bandas Laptra. Tom Quintans lo sabe, entonces se sienta. Lo hace 22.45, detrás de la batería de Go-Neko, acompañado por todos los neko, con esa extrañeza que puede provocar para un recién caído de escuchar que la voz —que no es más que un instrumento gutural, coral; a excepción de las citas sonoras, consola mediante—  llega desde la batería, al fondo, mientras que al frente está Pipe a consola y teclado.  La banda, jugando con una videoinstalación, presentó temas del reciente simple Muerte a la Máquina Fantasma, que durante la tarde corrió de mano en mano, pero no el disco sino su prólogo en viñetas que continúa la historia del Dr.Neko, 8th Man y los Malos de Verdad.***
Llegando a la medianoche, con un público que ya estaba prácticamente knock out, los 107 Faunos lograron levantar el festival a base de sus canciones, piezas de poco más de dos minutos, expresas, directas y alegres. Sin dudas, los más coreadas del festival. Un sonido amigable, que se vuelve más ameno aún con el carisma de sus integrantes, con la postura relajada y a la vez desencajada del percusionista y cantante Juan Pablo Bava (también parte de Los Japón). Una oda a la festividad presente en cada compás, en cada fauno. // Agencia NaN