Simplificando:
En Ecuador la policía.
En Bolivia los separatistas.
En Honduras la Corte Suprema.
En Venezuela las fuerzas militares.
En Argentina los latifundistas.
Aunque parecen no seguir una línea en común, en todos los casos hubo siempre un eje desde donde se apoyaron, se gestaron y se avalaron todos los intentos de Golpes de Estado. Ese común denominador fueron los medios de comunicación concentrados. En todos los casos la participación de la SIP siempre fue la de legitimar los golpes cívicos-militares contra los gobiernos democráticos de la región.
Bajo la fachada de un discurso republicano los dueños de los grandes medios conducen a las distintas oposiciones políticas en cada uno de estos países donde los gobiernos democráticos intentan independizarse económicamente de los sectores privilegiados de la oligarquía.
En este contexto, el reciente fortalecimiento de la UNASUR resulta una carta importante para la defensa de los intereses sudamericanos.
Rafael Correa denunció en las últimas horas que "La culpa la tiene la prensa corrupta que todo lo distorsiona". En la misma línea vienen declarando constantemente Lula, Hugo Chávez, Cristina Kirchner, Evo Morales y el derrocado presidente de Honduras Manuel Zelaya.
En la actualidad, en Argentina, las posibilidades de un Golpe de Estado se presentan como nulas después de los intentos destituyentes que vivimos en el 2008. Esto es un logro político y social de todos los argentinos que debemos saber sostener en el tiempo.
Observando los sucesos desde Argentina podemos enunciar: Los procesos que se desarrollen en los países hermanos afectan directamente la realidad Argentina. En consecuencia, es muy difícil imaginar una Argentina democrática en una Sudamérica golpista. Por eso estas muecas golpistas no se deben analizar como procesos ajenos sino como parte de la política interna de Sudamérica. Eso que llamamos: La Patria Grande.