El saldo del combate fue una victoria estruendosa de los primeros.
Las cinco tapas seguidas de Clarín ya no sólo no voltean gobiernos. Los fortalecen.
El daño es generalizado e irreversible para los discursos que postulan la independencia periodística como una virtud, o como una mera posibilidad siquiera.
En virtud de una victoria tan evidente y resonante, entonces, más vale tomar cautelosas previsiones. Retirarse ordenadamente del campo de batalla. Y evitar las persecusiones excesivas, que ponen en riesgo de caer en un "carrioísmo" al revés, con los visos de derrota futura segura que tal actitud promete a cualquiera.
Las peleas del Grupo Clarín con el Estado (sí, con el estado, no con el gobierno como falsamente se ha difundido; o mejor dicho, la tal disputa entre gobierno y grupo existía, pero solamente como cáscara de un conflicto central: el de un grupo económico que violenta el estado de derecho hasta convertirlo en prenda de su propia regencia ilegítima, y que encima simboliza, en un grupo, un accionar colectivo, coercitivo de la legitimidad política y democrática), esa pelea del Grupo Clarín con el Estado, decía, pasa a desarrollarse en fueros administrativo-jurídicos, donde habrá que definir cómo se reparte la guita de un negocio comunicacional que debe extinguirse tal como lo conocemos para dar paso a un nuevo orden, menos oligopólico.
Mientras, en el campo discursivo, la batalla deberá encararse hacia la corrección de las desigualdades geográficas y sociales que afectan el desarrollo conjunto de nuestro país y nuestra población. De manera impostergable.
Hay que dejar de pelearse con los periodistas, al menos por dos años. ;-)
Hay que reinventar al kirchnerismo. Incluso, para dotar de validez las victorias obtenidas. De qué sirve ganar, si no?