Algo había en el Orfeo, repleto quizás aún más que los limites de venta del Luna Park completo y sin esas sillitas de plástico que hicieron espacio y quitaron clima en Santa Fe.
El Orfeo es un estadio muy bueno, amplio, con enormes plateas y campo, para ver y también para moverse -salvo por sus ubicaciones laterales como en todo diseño de tipo rectangular- y las entradas a precios más razonables que en algún otro evento anterior (otra vez hablamos del Estadio Unión de Santa Fe).
Del sonido mejor no hablar, lo dijo todo Charly al mover su micrófono y escuchar como crujía cual bolsa de papas fritas.
Para quienes venimos siguiendo la gira de Charly no había sorpresa, ni en la guía de temas, ni en la actitud y profesionalismo, ni en los detalles musicales y escenográficos.
Pero para los cordobeses era la sorpresa de ver por primera vez a Charly –hubo una previa en el Cosquín Rock 2010 donde dio un show impecable que finalizó con Seminare cantando bajo la lluvia- y esa sorpresa le dio un marco más explosivo a cada tema y cada gesto.
Los shows de Charly parecen ir paso a paso en un progresivo camino ascendente, los temas suenan más potentes, Charly se entrega cada vez más y la gente... "¡¡viva Córdoba!!".
Charly gozó y potencio este especial ambiente. Brazos arriba, cuerpos moviéndose sin parar, miles de voces siguiendo a coro cada tema con la misma pasión que se grita un gol.
Desde el comienzo con la intro de Operación densa y la intensidad de Demoliendo hoteles no hubo pausas. Aquí brillo la voz de Hilda en Filosofía barata, la guitarra del negro por acá y por allá, los duelos con Kiuje y los teclados del Zorrito, entre mucho rock y algunas baladas que alternaron el clima de una fiesta.
Para Gustavo Cerati la versión de Rezo por vos. Un gesto que nos hace abrir las fronteras de la música que suele dividirnos entre distintas tribus y sus ídolos, muchas veces definiéndonos contra otras bandas.
Este Charly ha recuperado algo de su voz y su agilidad en el piano y el escenario pero que por sobre todo ha recuperado su poder, algo más que llenar estadios, rankings y popularidad.
Arriba del escenario esta esa figura mitad real y mitad construida por el propio Charly y por nosotros, ese hombre que se declara tímido y que nosotros idolatramos.
Hay una química con el público, algo imposible de explicar cuando uno ve a ese hombre -ahora no tan flaco- caminar sin gracia el escenario -con una capa argentina con el numero 10-, pero que se siente como electricidad en el cuerpo.
Y nos da cada vez más y a la vez nos deja más insatisfechos, Como esa misma mañana la selección de futbol y un 1-0 a Nigeria que fue triunfo y a la vez expectativa de más goles. Para calmar nuestra ansiedad ya sabemos que siempre vendrá algo más. Allá esta Maradona, acá García.
Lo que transitaba por la prolija rutina de una lista de temas programados, fue poco a poco mutando hacia la improvisación de una noche caliente.
El deseo de más goles –mientras esperamos el partido con Corea- y más canciones que viviremos en el Ruca Che de Neuquén, que no se apague la luz, que el primer "chau" no sea el ultimo, que el Himno ¿compuesto o versionado? por Charly suene mas Argentina que nunca (Bicentenario, futbol y rock todos juntos en el Orfeo), que agregue Hablando a tu corazón, que Canción para mi muerte no termine más en su versión roquera, que los músicos vuelvan de sus "aposentos" y toquen No se va a llamar mi amor.
Lejos quedaron aquellos shows imprevisibles y truncos solo para un reducido grupo de fans que goza de la auto-destrucción de su ídolo. El poder de García esta vivo de nuevo, en esa ambigua invitación a manifestarnos con que promedio el show, en esa relación de goce mutuo, en una música que mientras emociona la cabeza con la cruda belleza interior de sus letras, mueve nuestros cuerpos.
Fuente: Hagan Ruido