Un grupo de juveniles, más algunos profesionales que aguantaron hasta donde pudieron la embestida de Vélez, que terminó goleando a un pobre Chacarita.
Cabe un ejemplo para captar las diferencias: la defensa de Chaca era totalmente nueva, mientras que los atacantes fortineros juegan juntos hace más de un año.
Cada vez que el local atacó, generó peligro y cuando piso el acelerador convirtió. Así de fácil, así de simple. Chacarita fue solo un tibio conjunto de individualidades, que no prosperó como equipo. No hay mucho análisis para hacer porque la diferencia entre un equipo y otro quedo a simple vista.
La voluntad de los juveniles no alcanzó. Ellos deben soportar, hace ya un par de fechas la responsabilidad de los errores ajenos. Y en realidad los chicos hacen lo que pueden, como pueden.
UN POCO DE CALOR EN LA TRIBUNA.
La cancha de Velez inmensa y comodísima, presenta una llamativa realidad que asombra a más de uno: el silencio se hace escuchar cada vez que su equipo juega de local. Ayer como viene pasando desde que el equipo descendió, la gente de Chaca se hizo escuchar durante todo el partido y lleno de ruido el estadio.
Es impresionante, pero realista y conmovedor admirar al público funebrero alentando y dejando el alma sabiendo que las respuestas dentro de la cancha son nulas.
Pese al descenso y al sufrimiento que tenemos todos por las cosas vividas, en partidos como el de ayer, nos damos cuenta el porque de la grandeza de la hinchada de Chacarita. La gente nos demuestra partido a partido, que el sentimiento no cambia, pase lo que pase, la euforia y el aliento siguen aflorando en su parcialidad, sin que las malas campañas opaquen su sentimiento.
Por César Damelio.
fuente: informetricolor