“Es la primera vez, después de 120 años, que Argentina se preocupa por este tema y constituye un reconocimiento al aporte que esta cultura hizo al país y un rechazo al preconcepto de que no hay negros o descendientes en el país”, dijo Federico Pita, de la organización Diáspora Africana (Diafar). Para ese momento, el país contaba con 1,8% de población afrodescendiente.
El dirigente, uno de los oradores durante el lanzamiento oficial del Censo de Población, Viviendas y Hogares que se hizo en la ciudad de Humahuaca el 8 de octubre, consideró que esta inclusión marca “el quiebre de un paradigma. Hacia atrás tiene un efecto reparador para una cultura hasta ahora invisible y, hacia adelante, es un reconocimiento de que la identidad nacional y de América del Sur no es la latina o la española”. Pita destacó que, a partir de este reconocimiento, “la sociedad argentina tendrá que asumir que somos, que estamos y que somos parte de un proceso de construcción de la identidad nacional, y desterrar el concepto de que somos descendientes de una sociedad caucásica y europea”.
Si bien no hay datos oficiales sobre la población afrodescendiente en Argentina, un relevamiento efectuado en el 2006 por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA informó que entre 4 y 6% de la población argentina tiene ascendencia negra, lo que equivale a unos dos millones de personas. Por otra parte, un estudio de la cátedra de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA da cuenta de que, del total de afrodescendientes en Argentina, 13% son nacidos en el país, 34% latinoamericanos y 53% son nacidos en África. El informe, elaborado por la socióloga Karina Bidaseca, da cuenta de que 57% sufrió discriminación racial y 40% discriminación laboral; 34% violencia policial y 16% discriminación en organismos públicos. Muchos de los 650.000 censistas que recorrerán el país son personas afrodescendientes, “lo que significa un reconocimiento extra, porque contribuirá a hacernos visibles frente a la sociedad y darnos participación en un proceso tan importante”, dijo, por su parte, Carlos Álvarez, de la organización África y su Diáspora.
El dirigente reivindicó los aportes de los afrodescendientes en la lucha por la independencia y en manifestaciones de la cultura nacional, como el tango y la chacarera. “Este es un punto de inflexión”, destacó Álvarez, al referirse a la inclusión de la pregunta: ¿Ud. o alguna persona de este hogar es afrodescendiente o tiene antepasados de origen afrodescendiente o africano (padre, madre, abuelos/as, bisabuelos/as)? Según Álvarez, esta será “la punta de un iceberg para elaborar, a partir de saber cuántos somos, políticas públicas que tengan en cuenta los múltiples inconvenientes que tienen actualmente las personas afrodescendientes”. El dirigente explicó que el conteo realizado en el 2006 “es muy incompleto, porque muchos niegan u ocultan ser afrodescendientes”. En este sentido destacó que “esta negación se asocia a un preconcepto que la sociedad construyó de ligar a los ‘afro’ con la marginalidad, la pobreza y a lo oscuro en relación a sus creencias religiosas, frente a la claridad de la Iglesia católica y la cultura europea”.
Álvarez consideró que la inclusión de los afrodescendientes en el censo “es una especie de blanqueamiento que viene a dar por tierra que en el país somos todos".