Charly vs García: del progresivo de Serú al pop bailable de Clics Modernos

La crítica consagrada del rock se complace en convertir en ídolos a los músicos más conocidos e imponer una visión totalmente idílica de ellos. Parece que los artistas debieran ser dioses perfectos que siempre tuvieron en claro lo que piensan y nunca cambiaron sus opiniones. La historia se deja de lado para beneficiar a un “chupamedismo” que invisibiliza hechos incómodos y oculta el valor que tuvieron muchos rockeros a la hora de reconocer sus errores y enmendar su camino.

El caso de Charly García es emblemático. Se cuenta con la mano a los periodistas que se han animado a decir que el mítico bigote bicolor debe haber sufrido  una lucha interna en su mente a principios de los 80, por la cual se decidió a cambiar totalmente su estilo musical y su estética.  Pareciera que entre  Serú Girán y la época de Clics Modernos no hay ninguna diferencia: Charly queda como un saltimbanqui que cambió de piel sin inmutarse. En realidad, esta idea es sólo una comodidad de los periodistas que los exime de analizar cómo se dio la transición entre etapas. Un artificio que sirve para tapar algunas de las peores convicciones que caracterizaron a la ideología  del rock argentino contemporáneo a la última dictadura militar.


Entre 1976 y 1983,  el rock estaba circunscripto a una gama reducida de estilos. El progresivo, el jazz rock y la música acústica eran las tres variantes consagradas. Incluso el “rock pesado” ya estaba visto con recelo, tal como lo prueban las críticas desagradables que los periodistas vertieron sobre dos bandas excelentes de la época: Polifemo (liderada por David Lebón y Rinaldo Rafanelli) y Aeroblus (encabezada por Pappo y Alejandro Medina). Ni hablar sobre los nuevos géneros que aparecían en Estados Unidos y Europa: la revista Pelo llamaba a los punks “rebeldes sin causa “en  su edición de abril de 1978.  La periodista Gloria Guerrero  elogiaba en una revista Humor de 1981 la represión sufrida por Los Violadores en su primer recital. Pocos críticos, como Alfredo Rosso y  Juan Carlos Kreimer, se animaban a difundir las nuevas corrientes que revolucionaban a la música internacional.
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