Charly a mediados de los 50. "De chico nunca me dio trabajo", dice Carmen, su madreEs fácil olvidar que ese hombre salvaje siempre al borde de la muerte alguna vez fue un niño tímido e introvertido. ¿Cómo un genio precoz con oído absoluto transmutó en la mayor estrella de rock & roll del país?

Era tímido, introvertido y sensible, una criatura de sólo tres años que pasaba horas investigando los sonidos de un piano de juguete, cuando sus padres se embarcaron en un largo viaje de placer por Europa y decidieron dejarlo junto a su hermano menor al cuidado de la abuela materna y el séquito de niñeras y mucamas de la familia. El hogar de los García Moreno, un petit hotel de Moreno 65, en Caballito, tenía todos los lujos que podía tener la casa de una familia de clase alta en aquella época: sala de costura, cancha de paleta y un montacargas en el que se bajaban al comedor los manjares que preparaban en el tercer piso un grupo de cocineras.

Antes de convertirse en genio precoz, en pianista de oído absoluto, en profesor de teoría y solfeo y en una de las figuras más importantes de la historia del rock latinoamericano, Carlitos era todo lo bueno que se podía esperar de un hijo primogénito: no les daba trabajo a sus padres, dormía de corrido por las noches y la música clásica que se escuchaba todo el tiempo en su casa parecía ponerlo en un estado de trance hipnótico.
Pero cuando una tarde de 1955 los padres regresaron de aquel viaje por Europa descubrieron que el niño presentaba una serie de manchas blancas en el lado derecho de su cara. Recorrieron clínicas y hospitales buscando el diagnóstico preciso y lo sometieron a tratamientos con iodo para curarlo. Pero no hubo caso, los días de desarraigo materno le habían provocado una crisis nerviosa que derivó en un problema de pigmentación en la piel conocido como vitiligo, que años después daría origen a su característico bigote bicolor.

“Charly siempre fue muy sensible”, dice Carmen Moreno, la madre, un mediodía de junio en su departamento de Caballito. “Nunca me perdonó ese viaje. Fueron muchos días y él nos extrañó tanto que le agarró vitiligo. Es el día de hoy que me acuerdo y me arrepiento.”

En las fotos del álbum familiar se puede ver la transformación de Carlitos en Charly: el bebé de cachetes espesos y gesto adusto de los primeros retratos en blanco y negro fue mutando en una figura cada vez más desgarbada hasta lograr un gran parecido físico con su padre. Si de pequeño fue un niño noble, amable y obediente, entrada la adolescencia aparecerían las primeras señales de rebeldía. “De chico nunca me dio trabajo”, recuerda Carmen.

Nació el 23 de octubre de 1951 fruto del matrimonio entre Carmen Moreno, una ama de casa del barrio de Liniers, y Carlos Jaime García Lange, un ingeniero de ascendencia holandesa oriundo de Caballito, químico, matemático, autor de varios libros de estudio y dueño de la única fábrica de muebles de fórmica del país. Lo siguieron Enrique, Daniel y Josi. Carlitos -como todavía le dice su madre en general- y sus hermanos se criaron en una época de bonanza, lujos y confort.
Desde muy pequeño dio muestras de sus condiciones de genio precoz: la música fue algo que empezó a intuir a los dos años y se manifestaba en él de forma genuina.
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