Estas cosas me hacen poner muy oficialista. Porque tratar a estos pocos datos como una mala noticia, se trata de una pavada fenomenal.
Los datos difundidos son de deuda externa bruta total. Que aumenta en términos nominales (los montos, en dólares), pero decrece en términos reales como porcentaje del PBI, hasta el 33% (un número bajo).
Tiene que constar y quedar claro además que estamos hablando de la deuda externa bruta total. No de deuda pública.
O sea, en este concepto está incluida una parte de la deuda del sector público no financiero (la externa; la contraída internamente, no), la deuda externa del sector público financiero incluido el BCRA, y la del sector privado (esto es: te comprás un perfume en el free-shop del buquebús con tarjeta de crédito del HSBC, y como te los financia HSBC New York hiciste crecer la deuda externa).
Más allá de las bromas, este último concepto está muy ligado, en cuanto al aumento de los montos reales de deuda, al crecimiento de la economía. Por ejemplo, si una empresa local quiere incorporar una nueva línea de producción o mejorar algún proceso productivo y para ello importa un bien de capital, supongamos italiano, esa operación será financiada seguramente por un banco italiano, aumentando la deuda externa bruta del sector privado. Bruta, decimos. Se puede netear con las acreencias que el país (sectores público, financiero y no financiero, y privado) tenga en el exterior.
Pero fundamentalmente estos datos sirven para calcular el grado de exposición que la economía interna tiene a los flujos de financiamiento externo, su capacidad de pago y sobre todo la dependencia a la no fluctuación brusca del tipo de cambio. En ese sentido, 33% es un número bastante bajo, y nada problemático.