Por casualidad o coincidencia (o mas probablemente por saltearlo sin querer) se me dió por recordar el aniversario del blog año por medio, así que hoy a siete de su inauguración estaría tocando.  Como el 7 es un número bíblico y dicen que trae buena suerte, tanto mejor.  Sino no importa.
Quién sabe que quiere decir festejar el cumpleaños de un blog, pero de última será por lo menos un homenaje a la perseverancia, como cualquiera de las publicaciones, que muchos ya se habrán dado cuenta que hablan siempre de lo mismo con distintas excusas.
Puede que haya seguidores de la primera hora, y sé de muchos que se fueron acoplando y siguen leyendo el blog.  Aunque sabemos que no hace falta, vuelvo a agradecerles su presencia y complicidad.
Me pregunto a veces qué es escribir un blog en 2016, cuando la velocidad de internet (y no hablo solo del ancho de banda) cambió al ritmo de Facebook, Twitter e Instagram, y hay chicos que probablemente ni sepan lo que es un blog.  Mas de una vez quise situarme en el lugar del internauta casual que aterrizó en alguna de mis entradas, y por supuesto lo logré a medias o ni siquiera.
Quien dice siete dice ocho, así que tal vez siga escribiendo.  Las publicaciones han perdido la frecuencia de hace unos años, pero no es debido al desánimo o la falta de inspiración (creo) sino a al tiempo que debo dedicarle a otros menesteres impostergables, ya que como cualquiera sabe, leer este blog 'te sale gratis'.
Cada vez miro menos las estadísticas de blogger, los cuenta-visitas y las vistas de páginas.  Tanto porque siempre dudé un poco de esos datos como porque han dejado de interesarme.  No digo que no me gustaría...  ¿Quienes leen este blog?  ¿Que edades tienen?  ¿Se identifican con las historias?  Pero son datos tan difíciles de comprobar que es preferible la duda.  Igual hoy me agarran optimista: Sé que no me sentiría defraudado.
El camino de Algo Mas Que Rock and Roll es el camino del reencuentro con una parte de las cosas que me hicieron feliz.  Comprar un disco, abrirlo y escucharlo por primera vez, compartirlo con amigos.  Ir a un recital.  Romper las trabitas de un cassette para no grabarlo arriba por accidente y después tapar los agujeritos con cinta para regrabarlo a propósito.  Probar 300 formas de limpiar un vinilo hasta dar con una que realmente funciona.  Reconstruir el momento exacto donde escuché por primera vez ese disco que me cambió la vida.
En eso andamos.