El uso de estas categorías nos obligan a emprender una labor hermenéutica que posibilite al menos una somera descripción de aquello que se oculta detrás de estos argumentos. Parece que lo que se pretende instalar, siempre siguiendo la lógica de estos intelectuales, es que desde cierto lugar o a través de algunas medidas específicas, el gobierno nacional atenta contra los valores democráticos y avanza sobre la libertad. Veamos un ejemplo concreto. Se entiende que con la ley de medios el gobierno pretende avanzar contra la libertad de expresión, etc. En realidad lo que se busca es democratizar la información y frenar el avance de los monopolios y las corporaciones que aprovechan el discurso único y uniformizante para moldear las subjetividades. Detrás de estos slogan, “Control”, “institucionalidad” se esconde en realidad el manotazo de ahogado de una derecha que empieza a ver cómo se horadan lentamente ciertos beneficios obtenidos tras años de administración y política neoliberal.
¿Qué se pretende sostener con estos discursos? ¿Que las instituciones no funcionan? Pues bien, desde el 83 en adelante la democracia ha ido depurando cada vez más los mecanismos institucionales que permiten un funcionamiento en el que la mayoría tiene representación. Queda mucho por hacer y no es este el espacio para dar cuenta de los muchos problemas que el sistema tiene como inherentes. El autor se remite al análisis de la coyuntura sin pretender con este artículo desarrollar una teoría política del cambio revolucionario. Dicha inmensa tarea no puede ser obra de un escriba aislado y no puede darse de un día para el otro.
Pero volvamos a nuestros personajes del ambiente político y veamos cómo con categorías como “control” e “institucionalidad” lo que pretenden a la vez de instalar una imagen autoritaria del gobierno nacional es impedir la implementación de ciertas políticas desfavorables para los sectores que representan, insistimos consciente o inconscientemente. Porque en realidad lo que se intenta con esto del llamado al “control” es instalar el aumento progresivo por ejemplo del uso de medidas cautelares por parte del Poder Judicial para frenar las leyes promulgadas. Esto es: menos debate político y/o incumplimiento de las leyes tal como se promulgan. Tras el estandarte del “control” y la “institucionalidad” se esconde en realidad el descontrol y la destitución. Así, estos lobos detrás del disfraz de ovejas esconden sus verdaderos intereses.
Hagamos un poco de abstracción y veamos cómo opera la lógica en la mentalidad y el discurso de estos pensadores y teóricos autóctonos. Cuando los vientos son favorables y logran colocar en el poder un personaje del paño, éste tiene que funcionar como un gestor, un gerente, un técnico hábil y capaz de implementar las tecnologías sociales, económicas que el establichment considere oportunas (siempre las que favorecen sus mezquinos intereses). Nótese cómo se aplauden las propuestas macristas y sus acciones de gobierno propiamente dichas. Ahora bien, cuando el Poder Ejecutivo tiende a avanzar con medidas en contra de sus intereses, entonces: primero, en el plano de la acción, hay que impedir la implementación de las leyes mediante recursos de amparo o lisa y llanamente, incumpliéndolas desde una posición arbitraria (piénsese en los incumplimientos mediáticos en cuanto al grillado de canales o el caso de Fibertel); segundo, en el plano discursivo, reclamar “control” e “institucionalidad”; tercero, y englobando el primer y segundo punto, hacer que el Poder Judicial y el Poder Legislativo funcionen siguiendo la lógica gerencial y tecnocrática.
Bien, mientras tanto, los simples mortales asistimos como espectadores ante un escenario en el que parte de la izquierda autóctona pretende hacer historia flirteando con la reina del conservadurismo mersa local engullendo buena comida entre “rosas, rococó, rosadas” y la derecha prepara el escenario moviendo las fichas en un tablero político que por suerte parece tener cada vez mejor clara la demarcación entre dos modelos o alternativas: una progresista, la otra neoconservadora y neoliberal. Quiénes serán los actores de esto último, ya lo sabemos. Quienes los poderes que moverán los hilos que dan vida a estos actores, también. En cuanto a quienes corporizarán el modelo progresista, parece cada vez más claro que se trata de un conjunto de voces que exceden el programa oficialista.